Libros de ayer y hoy
Hay obras que se miden en kilómetros y otras que se miden por el impacto que tienen en la vida de las personas. La rehabilitación de los 24 kilómetros de la carretera Acayucan-Soteapan pertenece a la segunda categoría.
Durante décadas, la Sierra de Soteapan fue una región donde el abandono se volvió costumbre. Los caminos deteriorados dejaron de ser una anomalía para convertirse en parte del paisaje cotidiano. Para miles de habitantes, trasladarse a trabajar, llevar sus productos al mercado, acudir a la escuela o llegar a un hospital significaba recorrer rutas que reflejaban años de desinterés gubernamental.
Por eso, cuando la gobernadora Rocío Nahle inauguró esta obra y la definió como un acto de justicia social, el mensaje fue más allá del discurso político. Su afirmación encuentra sustento en una forma distinta de ejercer el gobierno: recorrer el territorio, escuchar a la gente y convertir las necesidades detectadas en acciones concretas.
La propia mandataria reconoció que esta carretera ni siquiera formaba parte de la planeación inicial. Fue durante uno de sus recorridos por la región cuando, junto con su gabinete, dimensionó la importancia estratégica de esta vía para las comunidades de la sierra. La decisión fue inmediata: había que pavimentarla.
Esa capacidad de modificar prioridades a partir del contacto directo con la ciudadanía marca una diferencia con los modelos de gobierno que administran desde la oficina. Gobernar no solo implica planear; también significa observar, escuchar y responder.
No resulta extraño que Rocío Nahle se refiriera a Soteapan como "mi sierra". Quienes acompañaron durante años los recorridos de la Cuarta Transformación saben que esa región fue parte del camino político que hoy se traduce en decisiones de gobierno.
La Cuarta Transformación ha sostenido que el desarrollo debe comenzar donde históricamente hubo mayor rezago. En ese contexto, la rehabilitación de esta carretera representa algo más que infraestructura: simboliza la presencia del Estado en comunidades que durante mucho tiempo sintieron que estaban fuera de las prioridades oficiales.
Al final, las carreteras no solo conectan municipios; conectan oportunidades. Cuando una obra pública reduce el aislamiento, facilita el comercio, mejora el acceso a la salud y acerca la educación, deja de ser simplemente una inversión en infraestructura para convertirse en una herramienta de desarrollo y de justicia social.
Quizá esa sea la enseñanza más importante de la Sierra de Soteapan: hay caminos que, además de unir destinos, también ayudan a saldar deudas históricas.




