Desafío post Castro: institucionalizar la revolución cubana

Con la carga emocional, política, ideológica y geoestratégica, Cuba y América Latina acaban de perder otra oportunidad para sacar a la República de Cuba de la tumba del viejo modelo de la Unión Soviética. Los saldos de la visita del presidente cubano Miguel Díaz-Canel a México dejaron el mensaje de que el espíritu cesarista de Fidel Castro sigue deambulando como fantasma en los complicados caminos de América Latina.

El posicionamiento político del presidente cubano en la ceremonia del desfile militar de la independencia de México y el peso todavía dominante de la inexistente revolución cubana en las élites progresistas latinoamericanas evidenciaron otra oportunidad perdida para convertir a la revolución cubana en el Estado cubano vía una institucionalización que se ha hundido en el pantano de los viejos sentimentalismos ideológicos de los años sesenta.

La experiencia poco consolidada de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) como una organización de diálogo político sin Estados Unidos volvió a naufragar en México por incidentes entre presidentes que bien pudieron haber tenido motivaciones estratégicas de la Casa Blanca. La VI Cumbre de la CELAC cometió el error estratégico de no prever conflictos y reclamaciones y no encontró la habilidad circunstancial para impedir que los casos de dictaduras políticas en Cuba, Nicaragua y Venezuela se profundizaran en una reunión que había sido convocada de antemano con el sentido de “construir una nueva OEA sin Estados Unidos”.

Las discusiones entre los presidentes de Uruguay y Paraguay y el canciller colombiano con el presidente cubano Díaz-Canel y el presidente venezolano Maduro arruinaron cualquier intención política de cohesión estratégica de la amplia y desigual comunidad latinoamericana y caribeña. Y la iniciativa del presidente mexicano López Obrador de construir un tratado de tratados de comercio exterior entre la CELAC y el Tratado de Norteamérica terminó de enredar los planteamientos regionales para buscar, cuando menos, un nuevo trato político-comercial con los Estados Unidos.

El dilema revolución cubana-Estado cubano ha estado en el fondo de las explicaciones del aislamiento del gobierno de La Habana con respecto de la comunidad latinoamericana y de la vieja percepción de proponer a la revolución cubana como un ejemplo ideológico, político y económico para la región latinoamericana y caribeña.

El perfil cesarista de Fidel Castro –en el enfoque de Marx en El 18 brumario de Luis Bonaparte— impidió el modelo evolucionista de los sistemas políticos y ha dejado a la Cuba del 2021 estancada en el periodo radical 1959-1962. La respuesta del presidente Díaz-Canel a las protestas juveniles de julio pasado fueron una reproducción exacta de las reacciones castristas –de Fidel y de su hermano Raúl– a las protestas en las diferentes etapas de la dictadura cubana: la represión. Inclusive, el periódico Granma publicó una fotografía del general Raúl Castro despidiendo al presidente Díaz-Canel al pie del avión que lo trasladaría a la reunión de la CELAC en México, dejando el mensaje fotográfico de quien tiene el poder en el gobierno.

La esencia del liderazgo de Fidel Castro radicó en su perfil de líder revolucionario y no de jefe de Estado, llevando las posibilidades de desarrollo económico de Cuba al ritmo de los caprichos unipersonales del comandante en jefe. Esta falta de institucionalización de la revolución cubana sentó las bases de la estructura del poder real en La Habana e impidió la creación de funcionarios administrativos.

Fidel Castro nunca entendió los mensajes geopolíticos. La revolución cubana resultó derrotada por Estados Unidos en 1962 cuando la crisis de los misiles trasladó el padrinazgo de La Habana a las decisiones del Kremlin soviético. Y Estados Unidos asumió el compromiso de nunca invadir Cuba, decisión ésta que explica la existencia del bloqueo económico que ya no funciona como entonces porque hoy el gobierno cubano tiene relaciones comerciales con todo el mundo e inclusive con Estados Unidos. En este sentido hay que recordar que la comunidad cubana Miami envía como remesas a Cuba alrededor de 7,000 millones de dólares mensuales con la autorización del gobierno estadounidense, lo que ha permitido a miles de familias en la isla sobrevivir a la penuria de las diferentes crisis.

El comportamiento de Díaz-Canel frente las protestas de julio y en su confrontación con los gobiernos de Uruguay, Paraguay y Colombia en la plenaria de la CELAC evidenciaron su papel de funcionario menor de la dictadura militar cubana que sigue controlando con mano dura el general Raúl Castro como el verdadero poder en La Habana.

No es por adelantar vísperas o perfiles necrológicos, pero el tiempo se le acorta al general Raúl Castro debido a su edad nonagenaria y entonces Cuba pronto enfrentará el infierno de una dictadura sin líderes y la revolución cubana podría seguir el camino de la revolución bolivariana de Venezuela a la desaparición física de su líder Hugo Chávez: un gobierno sin rumbo, una dictadura militar represor y una severísima crisis económica.

Cuba ya no tiene tiempo ni dirección política para buscar una institucionalización de su revolución y las protestas populares sin liderazgos fuertes podrían ser el anuncio desórdenes graves en el corto plazo. Esta es la imagen de la cruda realidad que dejó en México Díaz-Canel.

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