Sentido común
En política, las derrotas suelen generar dos caminos: la autocrítica o la confrontación. Movimiento Ciudadano parece haber elegido el segundo.
En Veracruz, el enfrentamiento con la gobernadora Rocío Nahle ha escalado en las últimas semanas, particularmente en redes sociales, donde han comenzado a circular campañas de crítica y descalificación contra la mandataria y contra el propio estado. El asunto merece atención no sólo por su intensidad, sino por lo que revela de cara al proceso electoral de 2027.
La pregunta de fondo es sencilla: ¿se trata de una estrategia política legítima o de una campaña de desgaste sustentada en ataques personales?
El texto original plantea que detrás de estas acciones existiría financiamiento proveniente de legisladores de Movimiento Ciudadano de distintos estados y de la Cámara de Diputados. Una acusación de esta naturaleza, por su gravedad, tendría que sostenerse con documentos, comprobantes y evidencia verificable. Sin ellos, queda en el terreno de la denuncia política y no puede convertirse automáticamente en una verdad probada.
Lo que sí resulta evidente es que las redes sociales se han convertido en uno de los principales campos de batalla de la política mexicana. TikTok, Facebook, X y otras plataformas son hoy herramientas para posicionar narrativas, construir reputaciones y, también, intentar erosionarlas.
Y ahí aparece Rocío Nahle.
La gobernadora no es una figura menor dentro de la llamada Cuarta Transformación. Su trayectoria política y su cercanía con la presidenta Claudia Sheinbaum la colocan en una posición relevante dentro del proyecto de Morena en Veracruz. Por eso, cualquier campaña sistemática en su contra difícilmente puede entenderse sólo como una disputa personal: tiene inevitablemente una lectura política.
También hay un elemento que no debería perderse de vista. Veracruz es uno de los estados políticamente más importantes del país. Su peso electoral, territorial y simbólico hace que cualquier movimiento rumbo a 2027 tenga necesariamente que mirar hacia aquí.
Movimiento Ciudadano lo sabe.
También lo sabe Dante Delgado, uno de los políticos veracruzanos con mayor influencia en la historia reciente del partido naranja. Su trayectoria está marcada por enfrentamientos, alianzas, rupturas y una larga carrera dentro de la política nacional. Precisamente por eso, la disputa actual adquiere una dimensión particular: se desarrolla en el territorio que vio nacer políticamente a uno de los principales referentes de MC.
Pero una cosa es la competencia política y otra muy distinta es convertirla en una guerra de descalificaciones.
La crítica al gobierno es indispensable en una democracia. Una gobernadora, como cualquier servidor público, debe estar sometida al escrutinio ciudadano y periodístico. Si existen irregularidades, deben denunciarse; si existen malos resultados, deben señalarse; y si existen responsabilidades legales, corresponde a las autoridades investigarlas y, en su caso, sancionarlas.
Lo que resulta menos defendible es sustituir el debate sobre resultados por ataques personales, insultos o campañas de odio.
Y mucho menos cuando éstos adquieren tintes misóginos.
Rocío Nahle puede ser cuestionada por sus decisiones, por sus políticas públicas o por los resultados de su administración. Eso forma parte de la democracia. Lo que no debería formar parte de ella es juzgarla desde el prejuicio de que una mujer no puede ejercer el poder con firmeza.
En este contexto, el reciente respaldo político mostrado durante el informe de gobierno adquiere especial significado. La presencia de miles de ciudadanos y la participación de Claudia Sheinbaum fueron interpretadas como una demostración de fuerza política del gobierno estatal y como una señal de cercanía entre ambas mandatarias.
Más allá de las cifras de asistencia —que siempre deben verificarse con fuentes independientes— el mensaje político fue claro: la relación entre Sheinbaum y Nahle mantiene un peso importante dentro del proyecto de transformación en Veracruz.
Y eso, probablemente, es lo que más interesa observar rumbo a 2027.
Porque mientras algunos apuestan por el golpeteo digital, otros apuestan por construir estructura, gobierno y territorio.
La política electoral no se gana únicamente con tendencias en redes sociales. Mucho menos con campañas de indignación artificial. Se gana con organización, presencia territorial, candidatos competitivos y, sobre todo, con la capacidad de convencer a los ciudadanos.
Movimiento Ciudadano tiene derecho a disputar Veracruz. Tiene derecho a criticar al gobierno y a intentar crecer electoralmente. Pero si pretende convertirse en una alternativa real, tendrá que demostrar que puede ofrecer algo más que oposición.
Del otro lado, Morena y el gobierno de Rocío Nahle tampoco pueden confiarse. El respaldo político no es un cheque en blanco. La cercanía con la presidenta tampoco sustituye los resultados. Cada gobierno termina siendo evaluado por la gente en su vida cotidiana.
Por eso, la verdadera batalla hacia 2027 no será la que se libre en TikTok.
Será la que se libre en las calles, en las comunidades, en los municipios y en las urnas.
El naranja puede hacer ruido. Morena puede presumir músculo. Unos pueden atacar y otros responder. Pero al final será el ciudadano veracruzano quien tendrá la última palabra.
Y esa es precisamente la parte que ningún estratega de redes sociales debería olvidar.




