Libros de ayer y hoy
La fractura que otros esperan
*Disclaimer: Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad exclusiva de su autor. No representan necesariamente la postura de los medios que la publican ni de las instituciones, organizaciones o espacios profesionales con los que mantiene o pudiera mantener alguna relación. *
Reducir la vida interna de Morena a una batalla entre “cínicos” y “devotos” resulta tentador: tiene antagonistas, tensión y un desenlace pendiente. El problema comienza cuando una realidad compleja cabe en dos casillas: buenos y malos.
En cualquier partido donde existe poder conviven convicciones, intereses y ambiciones distintas. Eso merece discusión. Lo peligroso comienza cuando esas contradicciones dejan de analizarse y se convierten en evidencia de una guerra.
Ahí aparece la trampa: honestidad y unidad se presentan como incompatibles.
¿Lo son?
Desde el sexenio de López Obrador persiste una expectativa opositora: si Morena resiste los embates externos, sus contradicciones podrían debilitarlo desde dentro. La expectativa sobrevivió: esperar la fractura.
Y quizá ahí esté el terreno más rentable para una oposición que no ha conseguido desplazarlo electoralmente. No necesita crear contradicciones; basta amplificarlas hasta construir la percepción de una ruptura inevitable.
Entonces ocurre algo más delicado.
Una narrativa triunfa cuando deja de necesitar a quien la impulsa. Si el morenista comienza a sospechar sistemáticamente del compañero, una diferencia adquiere apariencia de traición y el adversario encuentra aliados involuntarios dentro.
Ahí cambia la batalla.
Unidad no significa silencio ni impunidad. Significa corregir sin destruirse, discutir sin fracturarse; permanecer unido sin complacencia, fuerte sin renunciar a la crítica y decidido sin confundir al compañero con el adversario.
¿Cínicos contra devotos? Tal vez.
Pero convendría preguntarse quién gana si Morena termina librando contra sí mismo la batalla que otros esperan.




