Victorias pírricas
La calma comenzó a regresar a Veracruz después de un fin de semana complicado, marcado por lluvias intensas, fuertes vientos, inundaciones y afectaciones en los servicios públicos. En Coatzacoalcos, particularmente, la emergencia puso a prueba la capacidad de respuesta de Protección Civil, las corporaciones de seguridad, las autoridades municipales y estatales, así como de las cuadrillas de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), que tuvieron que trabajar a marchas forzadas para atender los daños.
El Frente Frío Número 2 llegó con una fuerza que sorprendió a muchas familias y puso en evidencia la vulnerabilidad de distintas zonas del estado. El mar avanzó sobre algunas calles, los escurrimientos desbordaron cauces y el agua convirtió avenidas en auténticas corrientes que arrastraron vehículos, mobiliario y todo aquello que encontraron a su paso.
Pero la dimensión más dolorosa de esta contingencia se encuentra en las vidas que se perdieron. De acuerdo con los reportes difundidos al 20 de octubre, diez personas fallecieron en el sur de Veracruz: cuatro mujeres, entre ellas dos menores de edad, murieron en Villa Allende, Coatzacoalcos, al desplomarse una barda sobre su vivienda, mientras que en Las Choapas otras seis personas de una misma familia perdieron la vida por intoxicación con monóxido de carbono al utilizar un generador eléctrico durante la interrupción del suministro de energía.
Son diez vidas que no pueden reducirse a una estadística. Cada una representa una familia golpeada por una tragedia que obliga a revisar los mecanismos de prevención, las condiciones de seguridad de las viviendas y las medidas de protección que deben difundirse durante los apagones.
Después de tantos pronósticos sobre la llegada de los frentes fríos, la intensidad de este fenómeno dejó claro que no basta con saber que la temporada comenzó: también es necesario estar preparados para responder a sus consecuencias.
En medio de la contingencia, la gobernadora Rocío Nahle García y el alcalde de Coatzacoalcos, Pedro Miguel Rosaldo, estuvieron presentes en las zonas afectadas, mientras los equipos de atención trabajaban para auxiliar a la población y restablecer los servicios. La respuesta institucional fue parte fundamental de los esfuerzos para recuperar la normalidad, aunque la magnitud de los daños también dejó tareas pendientes que merecen atención.
Porque una contingencia de esta naturaleza no se resuelve señalando culpables de manera precipitada, pero tampoco ignorando los problemas que salen a la superficie cuando la naturaleza pone a prueba a una población grande o pequeña.
UNA TORMENTA QUE REBASÓ LA CAPACIDAD DE RESPUESTA
Sería injusto atribuir todos los daños a las autoridades actuales. Los fenómenos meteorológicos pueden alcanzar una intensidad extraordinaria y superar la capacidad de respuesta incluso de ciudades que cuentan con infraestructura y protocolos de prevención. En este caso, las lluvias, el viento y el oleaje se combinaron para generar condiciones difíciles en distintos puntos de Veracruz.
Sin embargo, también sería equivocado pasar por alto que Coatzacoalcos arrastra problemas de drenaje e infraestructura hidráulica que no surgieron de la noche a la mañana. Durante años, la ciudad ha enfrentado inundaciones recurrentes, de manera que el problema debe analizarse desde una perspectiva que incluya tanto la fuerza del fenómeno meteorológico como las condiciones en las que se encuentra la infraestructura urbana.
Por cierto, las redes sociales se llenaron de comentarios que responsabilizaban a las obras de la actual administración municipal por lo ocurrido. Es válido que los ciudadanos expresen su inconformidad y exijan explicaciones, pero para establecer responsabilidades se necesita algo más que fotografías, opiniones o señalamientos, incluso llegaron a compartir videos de avenidas inundadas, pero de años atrás, de manera engañosa.
Lo razonable sería realizar una evaluación técnica que permita identificar cuáles afectaciones fueron provocadas directamente por la intensidad de la tormenta y cuáles pudieron agravarse por drenajes insuficientes, obstrucciones, falta de mantenimiento o deficiencias en determinadas obras. Las emergencias requieren solidaridad y coordinación, mientras que la evaluación de sus causas exige datos, transparencia y disposición para corregir lo que sea necesario.
LA PRESENCIA DE LAS AUTORIDADES Y LAS OBRAS QUE HACEN FALTA
La intervención de la gobernadora Rocío Nahle García y del alcalde de Coatzacoalcos, Pedro Miguel Rosaldo, durante la contingencia permitió dar seguimiento a los trabajos de atención en las zonas afectadas. En momentos como éstos, la presencia de las autoridades resulta importante para coordinar esfuerzos, conocer de primera mano las necesidades de la población y facilitar la movilización de recursos.
También es justo reconocer el trabajo de los elementos de Protección Civil, policías, personal de servicios públicos y voluntarios que participaron en las labores de apoyo. Detrás de cada calle despejada y de cada familia auxiliada hubo personas que tuvieron que responder bajo condiciones complicadas.
Este es un buen momento para revisar el programa de obras de Coatzacoalcos y determinar si las prioridades actuales corresponden a las necesidades más urgentes de la ciudad. No se trata de descalificar los proyectos en marcha ni de suspender decisiones sin un análisis previo, sino de valorar si conviene reforzar la inversión en drenaje pluvial, colectores, canales, cárcamos de bombeo y mantenimiento de la infraestructura existente y tal vez modificar el calendario de realización si esto fuera necesario.
Toda vez que la temporada de frentes fríos apenas comienza, sería conveniente contar con un diagnóstico de los puntos críticos de inundación y un calendario de acciones preventivas. Algunas medidas pueden ejecutarse de inmediato, mientras que otras requerirán proyectos técnicos, presupuesto y coordinación con las instancias estatales y federales.
La solución tampoco depende exclusivamente del ayuntamiento. Hay obras que pueden corresponder a distintas autoridades y servicios cuya operación involucra a organismos diferentes. Por eso, la coordinación institucional será indispensable para evitar que las responsabilidades se diluyan entre oficinas y dependencias.
EL ESFUERZO DE LAS CUADRILLAS DE LA CFE
Uno de los problemas que más resintió la población fue la interrupción del suministro eléctrico en distintos sectores de Coatzacoalcos. Las cuadrillas de la Comisión Federal de Electricidad tuvieron que trabajar durante largas jornadas, expuestas a la lluvia, el viento y los riesgos propios de las reparaciones en instalaciones eléctricas afectadas por la tormenta.
La labor de estos trabajadores merece reconocimiento. Restablecer la energía en una emergencia no consiste simplemente en reparar una falla: implica localizar daños, revisar líneas, movilizar personal y equipo, y garantizar que las maniobras se realicen bajo condiciones de seguridad.
La llegada de trabajadores de otras regiones para apoyar a sus compañeros de Coatzacoalcos mostró la importancia de la colaboración entre zonas operativas. Aun así, la magnitud de las afectaciones hizo que los trabajos se prolongaran y que algunas colonias continuaran sin electricidad al momento de redactar este artículo.
Esta situación también invita a reflexionar sobre la capacidad operativa de la empresa. Las necesidades de personal, la disponibilidad de vehículos especializados y la actualización de las herramientas de trabajo son asuntos que merecen una revisión seria, especialmente ante contingencias que pueden afectar simultáneamente a numerosos sectores.
Si existen carencias derivadas de recortes de personal o de equipos insuficientes, corresponde documentarlas y atenderlas; si los daños extraordinarios explican buena parte de la demora, también debe informarse a la población. Lo que se necesita es claridad para distinguir entre las dificultades propias de una emergencia y los problemas estructurales que puedan limitar la respuesta.
Por cierto, detrás de cada colonia sin energía hay familias que deben reorganizar su vida cotidiana, comercios que dejan de operar y servicios que pueden verse comprometidos. Por eso, fortalecer la capacidad de respuesta de la CFE es también una medida de protección para la población.
Reconocer el esfuerzo de los trabajadores no significa dejar de señalar las necesidades de la empresa. Al contrario, significa entender que quienes responden en el terreno deben contar con las herramientas, el personal y las condiciones de seguridad que su labor exige.
PREVENIR, COORDINAR Y APRENDER DE LA EXPERIENCIA
Después de una contingencia, siempre existe la tentación de concentrarse en los daños inmediatos y recuperar cuanto antes la normalidad. Es comprensible, porque la población necesita volver a sus actividades y las autoridades deben atender las urgencias. Sin embargo, también es necesario aprovechar lo ocurrido para mejorar la preparación ante futuros fenómenos meteorológicos.
En Coatzacoalcos, esto implica revisar los sistemas de drenaje, identificar zonas vulnerables, mantener limpios los canales y alcantarillados, verificar el funcionamiento de los cárcamos y fortalecer los mecanismos de alerta y evacuación donde sean necesarios.
Sin embargo, también hace falta una ciudadanía más participativa. No arrojar basura en las calles, evitar obstruir los desagües, respetar las indicaciones de Protección Civil y reportar riesgos son acciones que contribuyen a reducir las afectaciones. Desde luego, ninguna de ellas sustituye la obligación de las autoridades de mantener la infraestructura y ejecutar las obras necesarias.
Al mismo tiempo, es justo reconocer que ninguna administración puede resolver en unos cuantos meses todos los rezagos acumulados durante años. Lo que sí puede exigirse es que exista un diagnóstico claro, un orden de prioridades y una estrategia que permita avanzar de manera gradual, con resultados verificables.
La tormenta puso a prueba a Veracruz y dejó lecciones para todos: autoridades, empresas de servicios y ciudadanos. Hubo esfuerzos que merecen reconocimiento, dificultades que deben explicarse y problemas que necesitan soluciones de fondo.
La naturaleza no pide permiso para golpear, pero una sociedad sí puede prepararse para resistir mejor sus embates. Coatzacoalcos necesita solidaridad para superar la emergencia, serenidad para evaluar lo ocurrido y voluntad para corregir lo que haga falta.
La verdadera medida de esta contingencia no será únicamente la rapidez con la que se limpien las calles o se restablezca la electricidad, sino la capacidad de todos para conseguir que, cuando llegue el próximo frente frío, la ciudad esté mejor preparada y sus habitantes tengan menos motivos para temerle a la lluvia.




