Libros de ayer y hoy
A un año de las inundaciones, la recuperación de la zona norte de Veracruz sigue siendo una tarea que exige inversión, coordinación y acompañamiento permanente a las familias damnificadas.
Las lluvias e inundaciones que golpearon a 45 municipios veracruzanos dejaron mucho más que calles anegadas y caminos destruidos. Dejaron hogares en ruinas, familias sin pertenencias, comunidades incomunicadas y, en los casos más dolorosos, pérdidas humanas que ninguna obra podrá reparar. A un año de aquella tragedia, la pregunta ya no es solamente cómo se respondió a la emergencia, sino cuánto se ha avanzado para que la población pueda recuperar su vida y enfrentar el futuro con mayor seguridad.
En ese proceso, el gobierno de Rocío Nahle García mantiene acciones de reconstrucción en la zona norte del estado, una región que necesita algo más que respuestas inmediatas: requiere soluciones duraderas.
La atención durante la contingencia fue indispensable. La permanencia de la gobernadora durante más de 21 días en Poza Rica, desde donde coordinó las labores de auxilio, formó parte de una movilización que incluyó más de 816 vuelos para llevar alimentos y suministros a comunidades incomunicadas. A ello se sumaron miles de elementos de distintas corporaciones, voluntarios y la solidaridad de otros estados.
Sin embargo, la verdadera prueba de una administración comienza cuando termina la emergencia y empieza la reconstrucción. Es entonces cuando las familias necesitan recuperar sus viviendas, los productores volver a sus actividades, los estudiantes contar con espacios adecuados y las comunidades disponer nuevamente de caminos y servicios funcionales.
En materia de infraestructura, la construcción y reconstrucción de 18 puentes y 16 caminos, con una cobertura de 286 kilómetros, representa una de las líneas de trabajo más relevantes. La conectividad no es un asunto menor: significa que una comunidad pueda trasladar sus productos, que una ambulancia llegue a tiempo y que niñas y niños puedan asistir a la escuela sin enfrentar caminos deteriorados.
También está la prevención. Los trabajos de dragado y desazolve en el arroyo Sal si puedes, en Poza Rica, muestran la importancia de intervenir los cauces y los puntos vulnerables antes de que las lluvias vuelvan a poner en riesgo a la población. La experiencia del año pasado dejó una lección que no debe olvidarse: reconstruir implica reparar lo dañado, pero también reducir las condiciones que propiciaron la tragedia.
En esa misma dirección se encuentra el Plan Hídrico de la Conagua, que contempla una inversión de cinco mil millones de pesos para la reconstrucción en el norte de Veracruz. La rehabilitación de cárcamos, el reforzamiento de bordos, la limpieza de canales y el reencauzamiento de ríos son acciones necesarias para fortalecer la infraestructura hidráulica. Su verdadero valor, no obstante, deberá medirse por los resultados que produzcan en la seguridad de las comunidades.
Uno de los pendientes más sensibles es la reubicación de las familias que viven en zonas de riesgo. En Poza Rica se proyecta trasladar a alrededor de 750 familias a un predio de 35 hectáreas en Coatzintla, mientras que en Álamo se contempla construir aproximadamente 350 viviendas para personas damnificadas. En Huayacocotla e Ilamatlán continúan los análisis de terrenos para determinar las opciones viables.
Estas cifras representan proyectos y compromisos, pero detrás de cada una hay personas que necesitan certeza. Para una familia que perdió su casa, la recuperación no se concreta con el anuncio de una inversión ni con la asignación de un terreno: se concreta cuando recibe una vivienda segura, cuenta con servicios básicos y puede reconstruir su vida sin temor a perderlo todo nuevamente.
Por eso, la coordinación entre el Gobierno de Veracruz, la Federación y los municipios será determinante. Los recursos anunciados deben traducirse en obras concluidas, los programas de apoyo deben llegar a quienes realmente los necesitan y los proyectos habitacionales deben avanzar con transparencia y claridad sobre sus plazos.
Los apoyos económicos, los útiles escolares, el mobiliario educativo y los programas dirigidos a las familias también forman parte de la recuperación. Son medidas que ayudan a enfrentar las necesidades inmediatas, aunque no sustituyen la obligación de garantizar infraestructura segura, servicios públicos y condiciones para recuperar la actividad económica.
A un año de las inundaciones, reconocer el trabajo realizado no significa dar por concluida la tarea. La reconstrucción de la zona norte de Veracruz es un proceso complejo, y sus resultados deben evaluarse con hechos verificables: puentes abiertos, caminos transitables, viviendas entregadas, cauces atendidos y familias que puedan regresar a una vida cotidiana más segura.
Rocío Nahle tiene ante sí el desafío de mantener el ritmo de las acciones y convertir los compromisos en resultados tangibles. La presencia durante la emergencia fue importante; ahora, la continuidad, la transparencia y el cumplimiento de los proyectos serán fundamentales.
Porque el norte de Veracruz no necesita únicamente recordar cómo enfrentó una tragedia. Necesita comprobar que, después de ella, las condiciones para vivir con seguridad están cambiando. La reconstrucción no termina cuando se retiran los equipos de emergencia ni cuando se anuncian las inversiones: termina cuando las familias recuperan su hogar, sus oportunidades y la tranquilidad que las inundaciones les arrebataron.




