Cultura misógina y los feminicidios

Los casos inexplicables de violencia y victimización de las mujeres en el país, van en aumento, y cada día sorprende el grado de maldad que se da y por lo mismo crecen las estadísticas negativas, sin que se promuevan o establezcan mecanismos o protocolos de atención que sirvan de apoyo a evitar las agresiones y fatales desenlaces que son mayormente, según los reportes en contra de mujeres jóvenes.

Los riesgos crecen y cada día se dan hechos de agresión en contra de mujeres en grado alto que rebasan a lo inimaginable.

La situación o condición de vulnerabilidad, quizás ha sido el elemento que ha detonado un movimiento de lucha desde las mujeres en la capital del país, que ante el hartazgo y poca actuación de las autoridades por atender los delitos en los que se ataca y ofende a las mujeres, hasta con perder la vida, no se actúa a tiempo y hasta se pudieran dar conductas de cierto nivel de permisividad, lo que tiene al país bajo la lupa en el mundo por las protestas desesperadas y violentas de las féminas que exigen justicia y acciones con mucho valor o rigor para hacérselo notar a los tres niveles de gobierno.

Enumerar caso por caso en el último mes, de todos los feminicidios y agresiones a mujeres registrados en todo el país, dan una estadística dramática a una condición ya preocupante e inaceptable desde la propia sociedad civil, por eso en las protestas se crispan ánimos, se dan agresiones a la prensa y entre unos y otros sin distinción de sexos se da la barbarie, como un modelo de angustia y de dolor, cuando se pudiera pensar que en este país ser mujer es una condición de vulnerabilidad que poco se atiende, y en donde se exhiben aquellas conductas poco vistas en un mundo de maldad.

Porque, en algunos casos por ideología, creencia o religión a la mujer desde niña se le comienza a dar un maltrato degradante con prácticas ofensivas a su persona, su cuerpo y sus sentimientos, y la acción de quitar la vida es un punto final a algo grave como el faltarle el respeto al esposo en algunos países extremistas.

Pero en México, el problema se da con mayor frecuencia desde las conductas machistas del hombre o de las parejas que atribuyen celos y por lo mismo la mujer queda indefensa ante las conductas de violencia desde diversos escenarios en el hogar con la violencia intrafamiliar, en el trabajo y en la propia calle, a donde no existen protocolos de atención a las emergencias que se presentan.

Desde siempre en México, la cultura misógina es y ha sido el inicio de la violencia hacia las mujeres, desde la aplicación del derecho está visto, que si una mujer comete un delito, la pena aplicada es la más elevada. A diferencia de la docilidad que da con los hombres en el mismo caso.

Ahora bien, también entre las propias féminas se sabe y se dice, ​que el peor enemigo de una mujer es otra mujer.

La cultura matriarcal en México, se ha conocido como desde la propia madre en el hogar de preferencia al hombre y maltrato a la mujer que se le carga todo el trabajo en el hogar y las responsabilidades más allá de su condición genérica.

Se requieren acciones urgentes y de protección desde la legislación, educación y de una cultura de respeto por las mujeres, y de que se entienda de que las mujeres son dadoras de vida y las llamadas a conservar la vida de la especie humana.

La rivalidad y la lucha de sexos, es increíble, cuando desde la propia prostitución, son los hombres los que por fuerza quitaron y relevaron de esa actividad a las mujeres, hasta con la idea de que se quiere ser todo en una contradicción, de preservación a la mujer es y debe ser el ser más admirado y respetado sobre el planeta, irremplazable.

Aunque ideológicamente se diga Dios creo primer al hombre y luego a la mujer, con algunas dificultades de la clásica disputa de que fue primero el huevo o la gallina. Empate. 

Querer y respetar a las mujeres debe ser parte de un factor esencial desde la sociedad. Y reconocer que la mujer manda y vuelve a mandar, aunque se diga que se es mandilón. En pocas palabras como diría el filósofo de Tepito: “que tanto es tantito”. 

A evitar la rivalidad y la competencia entre hombres y mujeres, sería lo ideal para comulgar, sin problema en el edén, que es el planeta, entre unos y otras.

Por precaución, en este tema no se abunda en la expresión de términos y situaciones de las conductas y creencias de otras culturas en el mundo en donde se atenta por religión hacia la condición de niñas y se les somete a situaciones de maltrato hacia su propio género.

Ya con las conductas violentas que se presentan en contra de las mujeres en el país, es más que suficiente. “Ni Una Más”. Así las cosas.