El mundo ya no es lo que era: Paul Valery

En la era actual del ciberespacio de los tiempos digitales y del mundo virtual, de los grandes avances de las tecnologías y del crecimiento científico, poco se ha visto del crecimiento espiritual de los seres humanos con la peor pandemia en la historia del planeta.

Dios no se distrae para el ver al mundo, cuando sostiene al universo, decía en una de sus conferencias el padre jesuita Ignacio Larrañaga, al significar que el todopoderoso no va a estar cuidando a cada uno de los seres de este planeta, porque tiene otras cosas más importantes que hacer, y por lo mismo los accidentes o todo tipo de situaciones adversas son circunstanciales y superables con el tiempo.

Con la pandemia del Covid-19, se ha visto la radiografía del planeta de destrucción y de maltrato, por lo que, en dos años de esta lamentable complicación para todos los habitantes de este mundo, se ha podido ver que, con unos meses de la segregación del hombre en sus casas, se dio de inmediato la regeneración de los ecosistemas y de la vida misma en la tierra.

¿Ahora que viene?, sin duda el seguir luchando con un virus y sus variantes letales, que han puesto a todos los seres humanos en el predicamento por la vida.

Las disputas añejas del poder económico y político sobresalen a pesar de la problemática, y los intereses de las grandes corporaciones en el orbe se debaten por ganar más cada día a costa del dolor de la gente.

Los gobiernos conductores de la legalidad, la equidad y la regulación de la vida en común no han tenido voluntad de frenar la voracidad de quienes se han favorecido con la industria farmacéutica, de abastos de medicamos y de insumos para los hospitales, pero también a la población por igual con mayor repercusión para los que menos tienen, las empresas de internet, telefonía y de la venta de diversos servicios, aumentaron precios, y redujeron tiempos de los famosos pagos anticipados, a los que han obligado a la gente a exigirles despiadadamente los cobros de forma por demás inhumana.

En todo este drama, muchas acciones positivas, de los débiles, pobres y personajes de apego al estoicismo que han sido los héroes anónimos de esta tragedia, que con su esfuerzo y valor han mitigado sus efectos dañinos y nocivos de los poderosos para en contra de los débiles, siempre los más perjudicados.

Los empleados de todos los negocios de empresas de abasto de alimentos y medicamentos, los choferes del transporte, y sobre todo los repartidores de la comida rápida, han sido los verdaderos héroes de esta triste situación que aminoran con su trabajo, los efectos letales de la pandemia que afecta a todos.

Los maestros de las escuelas y universidades, son también parte de este gran esfuerzo, cuando también los padres de familia han podido salir adelante para llevar a sus hijos a la escuela, cuando en el mundo del sector público, la situación se complica por el sentido a veces de desprecio hacia quienes quieren ver la superación de los niños y jóvenes.

Las escuelas privadas a punto del colapso, han podido retomar el paso y casi se han ido normalizando en su operatividad.

Niños y jóvenes felices comienzan a reincorporarse a sus estudios de forma gradual de manera presencial.

Toda la política bien aplicada ayuda, y sin siglas partidistas o ideologías, en este país, hay un éxito para quienes han podido ser visionarios en la atención de las emergencias inesperadas, con acciones que de forma importante se dieron de manera trascendental en favor de la gente.

Y van dos hechos que no escapan a la mirada aguda de la gente, en Boca del Río, el ayuntamiento a cargo de Humberto Alonso Morelli, junto con su esposa, Karla Robles, en este mandato, desde el inicio fortalecieron las acciones médicas y de atención humanitaria con la gente de escasos recursos, y por eso en plena pandemia por el aislamiento se entregaron hasta despensas, medicamentos y consultas de doctores en las colonias casa por casa, esto la gente lo agradece y no lo olvidará jamás.

También, el presidente AMLO, con el esfuerzo de otorgar pensiones a los adultos mayores, ayudas a personas con capacidades diferentes, y las becas a jóvenes y niños, con los programas de sembrando vida en el campo, han sido toda una acción muy vital que ayudó a evitar en este país una problemática de mayores dimensiones.

Ojalá y los comercios, empresas e industrias de los grandes y pequeños consorcios, se quitaran ese espíritu materialista de abusar de la tragedia de la gente para aprovecharse de la época de necesidad, y sin la solidaridad humana, dejan ver ese espíritu del mal, para lo que los pobres se han blindado y han podido salir adelante a pesar de las adversidades de un virus

maligno.

Y sobre la frase: el futuro ya no es lo que era, la acuño el poeta francés Paul Valey, quien se refería al hecho de que las representaciones y percepciones de los intelectuales de su época, sobre que el futuro había cambiado de manera dramática al comenzar el siglo XX.

Ahora en los albores del siglo XXI, la situación puede ser más complicada, pero como siempre superable en cuanto se dé una mayor solidaridad entre unos y otros en todo el mundo, algo que desde el inicio de la pandemia, el comunicador español de origen, y mexicano por adopción, Antonio Sola, clamó y exigió compasión y ayuda a los podres de todo el orbe de forma ejemplar, inolvidable y natural, que con transparencia ayudó a ubicar a muchos políticos y poderosos en el planeta a los que pidió sentido común, mientras a todos los seres humanos convocó a resistir con la palabra que se hizo sabia y popular “la resiliencia, y así fue.

Gracias al amigo y maestro Antonio Sola, de su testimonio de valor, ha dejado una huella de ejemplo positivo entre los seres humanos, como lo predicó el maestro de maestros, hace más de dos mil años, vigente y vivo ahora más que nunca. Así las cosas.