La destrucción de un gran país

A ellos les habrá caído «como anillo al dedo», aunque para México la combinación coronavirus-Morena será la peor desgracia en más de un siglo.

Todo lo destruyen con su ignorancia y mala fe.

La caída de la economía en el segundo trimestre no la habíamos padecido nunca en esa magnitud.

Una parte es fruto del «coronavirus». Lo fundamental es producto de la ineptitud que nos gobierna.

Es el fruto de la vocación destructiva de Morena y su líder.

Por décadas han trabajado para que a México le vaya mal. Llegaron al poder y lo lograron.

Lo que nos sucede en economía y en salud es injustificable.

Se lo debemos, también, a funcionarios que sabían en el pantano en que caeríamos y no se atrevieron a plantarle cara al presidente. Con un Urzúa más que hubiera en el gabinete económico, el futuro del país no sería tan obscuro.

Como hemos recordado en este espacio, el presidente López Obrador dio a conocer su visión del problema el dos de marzo, ante los efectos que provocaría el Covid-19:

«En cuanto a México, siento que no vamos a tener problemas mayores. Ése es mi pronóstico. Los conservadores, que quisieran que los fuera mal, van a decir que está mal mi pronóstico, que vamos a tener crisis económica y financiera. Yo digo: no, está bien nuestra economía».

Las cifras dadas a conocer por el INEGI ayer son las peores de la historia, y con la noción absolutamente equivocada que tenía el presidente de lo que ocurriría no se tomaron medidas contracíclicas.

Su soberbia le impidió corregir.

El desastre es injustificable.

La industria, que comprende manufacturas, construcción, minería petrolera y no petrolera, y electricidad, cayó -26 por ciento.

El sector terciario -servicios y comercio-, se desplomó 14.5 por ciento.

Brutal es el desastre.

El 55 por ciento de la población no percibe ingresos -mil 180 pesos- para adquirir una canasta alimentaria básica (pobreza laboral). No les alcanza para comer, pues.

Las consecuencias van a apretar conforme a la población se le acaben sus ahorros, o el tío o la prima ya no pueda socorrer a sus familiares.

Ahí está la obra de Morena en el gobierno.

No ayudaron a los trabajadores que se quedaron sin ingresos.

Cero apoyo al 93 por ciento de las empresas del país, para seguir vivas, conservar los empleos, sostener las cadenas productivas.

«Si van a quebrar, que quiebren», dijo el presidente. Así ocurrió. Medio millón de empresas cerraron. Más las que faltan.

La crisis, además, no es de ahora, sino desde que asumió AMLO. El PIB cayó bajo cero cuando el resto del mundo crecía.

El dinero lo tiraron en proyectos inviables. Hasta los 280 mil millones de pesos que les dejó la administración anterior se lo gastaron en frivolidades mucho más caras e inútiles que un avión.

El desastre en que tienen hundido al país hará que tardemos -dicen los especialistas- una década en regresar al PIB que teníamos al final del sexenio anterior. Claro, eso si se aplican correctivos.

La colega Maricarmen Cortés lanzó la pregunta: «Arturo Herrera (secretario de Hacienda) sigue sin aplicar políticas contracíclicas. ¿Qué espera?».

Yo sé qué espera, estimada Maricarmen: espera la candidatura al gobierno de Hidalgo.

Así de frívolos son en Morena. Hasta los que saben callan, para arreglar su futuro personal y no el de la nación.

La salud es otro desastre. Eso que no llegaría ni a influenza, ha matado (oficialmente) a 45 mil mexicanos.

Un señor charlatán y prepotente, Hugo López-Gatell, nos ha engañado y regañado una y otra vez. Se equivocó en el diagnóstico y en el método para enfrentar la pandemia.

Quedar bien con el jefe, y que se mueran los demás. Horrible lo que sucede con este doctor que calumnia a otros médicos que sí saben.

En unos días México pasará a ser el tercer país en el mundo con más muertes por coronavirus.

Por la mala conducción de la lucha contra la pandemia, el virus causa más muertes aquí que en el resto del planeta, con relación al número de contagios.

Ahí está el gobierno de Morena. Esos son frutos. Pobreza y muerte.

Y además, vengativos hasta la crueldad.

En su insensata monomanía por destruir, han hecho pedazos la justicia y el Estado de derecho.

A un ex funcionario confeso de delitos graves lo dejan en libertad condicional, porque lo van a usar políticamente para las elecciones del próximo año.

Y a una mujer, Rosario Robles, la tienen presa por la acusación no probada de un delito menor que no amerita prisión preventiva.

Para justificar su encierro en una celda de Santa Martha Acatitla, que duerma en una plancha de cemento y se bañe con una cubeta de agua fría, la autoridad le falsificó una licencia de conducir.

Tomaron su foto de internet para imprimirla en el plástico. Y le pusieron un juez que la odia. Los familiares del juzgador habían jurado venganza. Ya lo hicieron.

Así está la justicia.

El rencor es pésimo consejero, y parece que es el único que tiene el equipo que nos gobierna.

Su rencor a los empresarios los llevó a matar empresas y la pobreza se disparó.

El rencor hacia «los especialistas», a la ciencia, ha provocado la muerte de decenas de miles de personas que hoy podrían estar vivas.

Su rencor a los adversarios políticos hizo pedazos el que era un frágil Estado de derecho.

En lo anterior se incluyen las consultas populares para cerrar obras y fábricas. Duro contra la libre empresa, aunque se pierdan dinero, empleos y confianza para lo único que nos podría sacar a flote: la inversión.

Rencor e ignorancia. Eso es Morena hecho gobierno.

Lo lograron. En menos de dos años destruyeron las paredes y los techos de nuestra casa común.