Mensaje a un joven economista mexicano, de don Jesús Silva Herzog (1)
Impresionante el paseo que dan los huracanes por nuestro país acentuándose desde luego en nuestros puertos con más situaciones agresivas. Acapulco volvió a inundarse no solo en la ciudad propiamente dicha sino en la zona turística, la costera, la Zona Dorada que sufrió la presencia de Simon, como ha ocurrido con otros como éste, de categoría uno. Circunstancias parecidas se manifiestan en Michoacán con el cierre del puerto Lázaro Cárdenas y en Jalisco donde se quejan en sus costas, igual que en Colima, por no olvidar a Mazatlán contra huracán de categoría dos, como el Isaías que ha dado mucha lata en esos sitios. En todos estos meses en los que las lluvias se han desplomado a diario (en este día en el que escribo, hemos estado en todo momento con lluvia) los canales aparecen por doquier en la ciudad, lejana del mar incluso, con más razón en esas a costas que ya conocen la acción del clima ¿Qué diría Ernest Hemingway si viviera, cuando él estuvo por años cerca del mar y su obra cumbre se refiere a eso?
LA VIDA DE HEMINGWAY EN LA ISLA DE CUBA, LE GENERÓ SU MEJOR OBRA
En su famosa obra El viejo y el mar (Editorial Porrúa 2023, prólogo de Taibo) que ya la he mencionado en otras ocasiones, hay la intención del Nobel estadounidense Ernest Hemingway, de resaltar el mar no solo como una opción, sino como un sitio del que se derivan para los humanos no solo un espacio fundamental de la naturaleza, sino lugar de labores, de diversión, de belleza, de salud y desde luego un lugar que en determinadas dimensiones es propio de un país. No hay que olvidar que Hemingway vivía en una isla, la de Cuba, cuando escribió esa breve obra y su cercanía con el mar era mucha. La obra nos señala que Santiago un anciano pescador, que lleva más de 80 días sin lograr una presa, rompe con todos los esquemas de la sensiblería y la nostalgia que lo abruman, y se lanza a las aguas tempestuosas de Cuba. Su enemigo en ese momento es el más poderoso con todo lo que subyace en él. Solo, en una endeble embarcación, se sumerge en el día y la noche del embravecido océano hasta que logra obtener el más grande y preciado animal. Este le salvará la vida, al ser el alimento de los tiburones que lo persiguen insaciables.
HEMINGWAY ENALTECE LA LUCHA EN El VIEJO Y EL MAR. PERO ÉL LA PIERDE
El símil de Ernest que usaba el secreto con el lector y lo dejaba a su interpretación, intenta enaltecer la debilidad frente a la fuerzas más poderosas, en este caso el mar y la propia edad. Santiago
no solo se robustece ante si mismo, sino que llega aureolado de heroicidad ante el pueblo que lo ha visto desfallecer. Es viejo, es cierto, pero ha demostrado fuerza, pericia y dignidad. Su vida desde entonces, será distinta. En cuanto a Hemingway, que tenía 52 años cuando escribió esa pequeña novela, ganó el Pulitzer en 1952 y el premio Nobel en 1954. Por una vida triste que ahora se comenta a menudo, algo también relacionado con enfermedades, Hemingway al contrario de lo que sucedió con Santiago, se quitó la vida.




