Cosmovisión
Los dos primeros años de gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo han mostrado las limitaciones de una continuidad transexenal: no ha tenido tiempo siquiera de que pueda echar a andar su propio proyecto como titular del Poder Ejecutivo federal y como encargada del segundo piso de la Cuarta Transformación porque sus posibilidades han estado atadas a todas las restricciones presupuestales heredadas.
No es necesario siquiera entrar a discutir los alcances y limitaciones del Plan México si su punto de partida no es lo que se quiere sino que todas las posibilidades presupuestarias están atadas a compromisos de pagos de proyectos que hasta ahora no han dado resultados en autonomía financiera, con las circunstancias agravantes de que todos los indicios señalan de que nunca será autosuficiente y siempre dependerá de los subsidios gubernamentales.
En este contexto, el escenario prospectivo de corto plazo para los dos próximos años del sexenio --el 2027 electoral y el 2028 de consolidación-- está presentando los indicios de que las cosas tendrán que seguir igual: prioridad a los pasivos, aumento de programas de bienestar y por lo tanto crecimiento mediocre de menos de 2% promedio anual.
La acreditación de responsabilidades no se agota en los espacios del calendario de la 4T porque buena parte de los pasivos vienen heredados del largo ciclo neoliberal de 1983-2018, pero tomando en cuenta que el desafío de un nuevo grupo político en la presidencia estuvo también en la necesidad de consolidar herencias y de plantear nuevos rumbos de la actividad económica. Pero sobre las cuentas negativas heredadas del neoliberalismo, el nuevo ciclo de asistencialismo con estabilidad macroeconómica neoliberal no hizo ni siquiera un esfuerzo de teoría económico-política para hacer propuestas y planteamientos que pudieran llevar a los objetivos de nuevo bienestar del nuevo grupo gobernante.
En materia de política económica, la 4T en un sexenio y un cuarto está atada a los compromisos firmados a través de cartas formales de política económica con el Fondo Monetario Internacional para fijar cifras inflacionarias abajo de 3%, y aunque los resultados se muevan a 4% y un poco arriba, de todos modos sus efectos macroeconómicos explican los niveles de estancamiento productivo porque la doctrina fondomonetarista vigente asume a la inflación desde el lado de la demanda y por lo tanto exige controles salariales, tasas bajas del PIB y restricción monetaria para las finanzas públicas.
Mientras la administración actual no redefina una nueva teoría de la inflación --y en la historia del progresismo económico de los últimos 75 años en México ha habido experiencias muy sólidas que no se quisieron explorar, como por ejemplo el estructuralismo--, entonces la política económica con el candado de la inflación está más que satisfecha las cifras de PIB bajo --1% a 2% máximo-- porque el ritmo productivo nacional ha evitado por sí mismo el fantasma de la recesión o de tasas negativas.
Sin una nueva propuesta de teoría y práctica de la política económica del asistencialismo neoliberal, las expectativas de los analistas en las encuestas del Banco de México señalan un promedio de 1.8% promedio anual para los próximos diez años, es decir, los cuatro que le faltan al ciclo de la presidenta Sheinbaum y los seis del siguiente sexenio de mantenerse la continuidad cuatroteísta.
Estas limitaciones estructurales de la política económica sólo explican lo que puede considerarse el fracaso del Tratado de Comercio Libre porque la integración internacional de cadenas productivas --cuando menos en el ilusionismo del presidente Salinas de Gortari en 1993-- llevaría a México a una modernización de su planta industrial y agropecuaria y pasaría del tercero al primer mundo, pero las cifras a más de 30 años del acuerdo comercial señala una disminución en la participación mexicana en los productos de exportación y en consecuencia México no alcanzará el primer mundo industrializado sino que seguirá donde estuvo desde del modelo de sustitución de importaciones: una República maquiladora.
Los desafíos estuvieron muy claros hace dos años cuando tomó posesión la presidenta Sheinbaum y puede concluirse que el solo diseño --con todo y limitaciones-- del Plan México habría retomado la meta incumplida por el neoliberalismo salinista: modernizar a México.
Este es el debate que tiene que darse al terminar el segundo año del sexenio de la presidenta Sheinbaum, pero es la discusión que nadie quiere iniciar por la previsión de sus resultados.
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Política para dummies: la política sirve para dar pasos adelante, pero fracasa cuando se le usa para justificar estancamientos y hasta retrocesos.
@carlosramirezh
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