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XALAPA, Ver., 23 de septiembre de 2016.- Una verdadera guerra es la que ha declarado la Iglesia Católica en contra de la comunidad lésbico-gay con discursos de odio que ahora están convirtiéndose en amenazas, insultos, e incluso agresiones. En el Puerto de Veracruz ya no los dejan entrar a las iglesias, les gritan “aberraciones”, y en algunos casos, hasta les han aventado botellas llenas de agua bendita, “pensamos que esto se había acabado, pero parece que regresamos 30 años”, afirma el presidente de Jarochos LGBTI, Guillermo Izacur Maldonado.
Cuenta para Quadratín Veracruz que acaba de demandar a una mujer que cobra por bailar en antros gay, pero su madre y su abuela pertenecen a la asociación civil Sí a la vida y participan en las marchas que defienden la llamada “familia natural”; en redes sociales está llamando a agredir a su hijo, y a él mismo, “es gente fanática”.
“En su perfil está llamando a que agredan a mi hijo, ‘porque su papá es fulano de tal’, sacan fotos mías… llama en redes sociales a que nos agredan; ya hay un proceso legal”, y por esta situación, dice, está cambiando de universidad a su hijo.
Las consecuencias del activismo que impulsan las arquidiócesis estatales y nacional ya está provocando violencia real contra la comunidad lésbico-gay. Por ejemplo, en los comentarios de estas publicaciones que después fueron borradas, amenazaron con ir por Guillemo, “y cumplieron, fueron, pero era 15 de septiembre y no estábamos. Destrozaron la lona que se encuentra afuera de su oficina con las siglas LGBTI.
“Ese es el temor que tenemos”, y confiesa que es la razón por la que ya no revelaron la lista de sacerdotes gay en Veracruz. Frente Orgullo Nacional mx dio a conocer este jueves una lista de cuatro clérigos homosexuales, donde se encontraba el arzobispo de Xalapa, Hipólito Reyes Larios; sin embargo, fuera de grabación, asegura que son más de 40 sacerdotes homosexuales en Veracruz.
Además de negar todo, el vocero de la Arquidiócesis de Xalapa, José Manuel Suazo Reyes, afirma que son declaraciones calumniosas, fuera de la realidad, y que si alguna persona hacen un mal, que lo denuncien a la autoridad.
“No dejan entrar a la comunidad a la iglesia, van los travestis, los transexuales, no pueden entrar. Las señoras los corren”, las mismas señoras que el sábado 16 de septiembre les gritaron “aberraciones”, y que se irán al infierno, además, les aventaron agua bendita.
Colectivos de todo el estado ya preparan denuncias en contra de las arquidiócesis y sacerdotes por las agresiones, intimidaciones, discriminación y violación de sus derechos humanos.
Respecto de la ley natural, dice divertido, “esto nunca se va a acabar”, es decir, el gusto entre hombres es tan viejo como el hombre mismo, “no es que se nos vaya a quitar de repente”.
Pone otro ejemplo de agresión: hace poco acudió con una amiga a un restaurante en el puerto de Veracruz, el jefe de familia volteó dijo a su familia, “¡no lo miren porque te vuelves puto!”.
Guillermo representa justo lo que la Iglesia combate: cuando le dice a su mujer que es homosexual, ella se va, y se queda con el hijo, recién nacido, lo cría desde entonces, hace ya 21 años. El chico está en la universidad, y tiene novia, no fuma, y tampoco toma.
Su relación es la de padre e hijo. De eso se trata el matrimonio igualitario, dice, ya no estamos en los 70, 80, vivimos en un Estado de Derecho, y la Suprema Corte de Justicia de la Nación ya decretó que es un derecho humano, que no puede ser determinado por la orientación sexual de las personas.
– ¿Qué tan grande es la comunidad lésbico-gay en el puerto de Veracruz?
– ¡No te alcanzan los ceros!, contesta con una sonora carcajada.
Estima que 40 por ciento de la población de la conurbación Veracruz-Boca del Río pertenece a la comunidad. El año pasado, dice, se afiliaron a los colectivos LGBTI más de 10 mil porteños.