
Teresa Gil/Libros de ayer y hoy
EL NUEVO BACHILLERATO NACIONAL: PROMESAS, RETOS Y REALIDADES
“La educación es un derecho, no un privilegio. Queremos que todas y todos tengan un lugar en la escuela, que ningún joven sea rechazado y que nadie abandone sus estudios por falta de recursos”. Con estas palabras, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó el Bachillerato Nacional, un proyecto que busca darle un nuevo rumbo a la preparatoria en México.
La propuesta arranca en el ciclo escolar 2025-2026 y promete poner orden donde antes había un verdadero rompecabezas. Hasta ahora, cada estado y cada subsistema jalaba por su lado. Con el nuevo modelo se unifica todo en dos opciones claras: bachillerato general y bachillerato tecnológico. La meta es que más jóvenes entren a la escuela y que menos la abandonen.
UN SISTEMA HECHO PEDACITOS
Hasta ahora, la educación media superior en México ha estado fragmentada. Existen 32 subsistemas estatales y varios federales y universitarios. Entre los más conocidos están:
El resultado fue desigualdad: distintos planes de estudio, condiciones laborales disparejas para los maestros y grandes diferencias en la calidad de la educación. El Bachillerato Nacional busca unificar todo y dar a los estudiantes una base común en ciencias, humanidades, matemáticas, filosofía, manejo de emociones y competencias digitales.
EL TALÓN DE AQUILES: LAS ESCUELAS TÉCNICAS
Aquí está el gran pendiente: las condiciones reales de muchas escuelas. Todos sabemos que planteles como Conalep, CETIS, CBTIS y CECyTE trabajan con talleres vacíos, laboratorios obsoletos y salones deteriorados. En zonas rurales, los telebachilleratos apenas sobreviven: sin internet, con infraestructura improvisada y sin servicios básicos en los planteles.
Hablar de carreras de robótica, semiconductores o inteligencia artificial entusiasma, pero no puede lograrse mientras haya escuelas sin pupitres, sin agua o sin electricidad estable, sin aire acondicionado donde es necesario. Si no se invierte fuerte en infraestructura y tecnología, la reforma puede quedarse en un buen discurso y nada más.
LA PROMESA FRENTE A LA REALIDAD
El gobierno ha anunciado 37,500 nuevos lugares, la construcción de 20 bachilleratos tecnológicos, la ampliación de 33 planteles y la reconversión de 35 secundarias en prepas vespertinas. Aunque suena alentador, todavía es poco: 4 de cada 10 escuelas carecen de lo básico y la brecha tecnológica sigue siendo muy grande.
También está pendiente la situación de los maestros. Profesores de subsistemas como Conalep o CECyTE llevan años trabajando con contratos temporales y bajos salarios. Unificar la educación también significa dignificar al docente, porque sin maestros motivados y preparados no hay transformación posible.
LA URGENCIA DE MEJORAR LA EDUCACIÓN
El Bachillerato Nacional es una oportunidad histórica para dar a todos los jóvenes las mismas oportunidades. Pero no bastan los discursos ni los nuevos planes de estudio: hace falta invertir en escuelas dignas, talleres modernos, internet en todos los planteles y mejores condiciones para los maestros.
El futuro de México no se construye con buenas intenciones, sino con aulas vivas, talleres equipados y maestros reconocidos. Si todos empujamos, este nuevo bachillerato puede dejar de ser solo un proyecto en el papel y convertirse en una verdadera puerta de oportunidades para nuestros hijos.
El Bachillerato Nacional es, sin duda, un proyecto de justicia social y un paso necesario hacia la igualdad educativa. Pero su éxito no dependerá únicamente del nuevo currículo, sino de la capacidad real de invertir en infraestructura, equipar laboratorios y talleres, conectar planteles a internet y garantizar condiciones dignas para estudiantes y maestros.
La presidenta Sheinbaum cuestionó: “¿Qué sociedad es esa que les niega a sus jóvenes la posibilidad de estudiar?”. La respuesta está a la vista: aquella que no invierte lo suficiente en sus escuelas, que sueña con formar profesionales del futuro en aulas ancladas en el pasado. Como padres, maestros y comunidad, debemos exigir que esta promesa se cumpla, porque la educación no puede esperar un día más.