Libros de ayer y hoy
Durante años, Veracruz vivió atrapado entre la violencia, la desconfianza y gobiernos que parecían reaccionar siempre tarde. La inseguridad se volvió paisaje cotidiano y la ciudadanía terminó acostumbrándose a escuchar promesas que rara vez se traducían en resultados. Por eso, más allá de discursos triunfalistas, lo verdaderamente importante hoy es identificar si existe rumbo, estrategia y voluntad política para enfrentar el problema.
Y en ese terreno, el gobierno de Rocío Nahle parece estar enviando un mensaje claro: en seguridad no habrá marcha atrás.
La actual administración ha decidido alinearse plenamente al modelo impulsado desde la Federación por la presidenta Claudia Sheinbaum: coordinación institucional, inteligencia operativa y atención a las causas sociales de la violencia. Una fórmula que, aunque todavía enfrenta enormes retos, al menos rompe con la improvisación que durante años predominó en Veracruz.
Los datos recientes reflejan una actividad constante de las fuerzas de seguridad: decomisos de droga, armas y municiones; detenciones de integrantes de grupos criminales y desarticulación de células delictivas. No son cifras menores. Cada operativo exitoso representa capacidad de reacción del Estado y recuperación de espacios que antes parecían cedidos al crimen organizado.
Sin embargo, el verdadero acierto del gobierno estatal podría estar en entender que la seguridad no se construye únicamente con patrullas y operativos. Rocío Nahle ha retomado una idea central del obradorismo: combatir también las condiciones que alimentan la delincuencia.
La eliminación de cuotas escolares y el impulso para ampliar el acceso a la educación media superior y tecnológica no son solamente medidas educativas; son también políticas preventivas. Porque cada joven que permanece estudiando es un joven menos vulnerable al reclutamiento criminal. En un estado donde durante años miles de jóvenes quedaron atrapados entre la falta de oportunidades y la presencia del crimen organizado, apostar por las aulas tiene una carga profundamente estratégica.
Lo mismo ocurre con la atención a las mujeres. La aplicación “Veracruzana Protegida” refleja un cambio importante: pasar de la reacción tardía a mecanismos más inmediatos de protección y acompañamiento. La coordinación con el Poder Judicial, además, muestra algo que antes pocas veces ocurría: instituciones trabajando bajo una misma lógica.
Por supuesto, sería irresponsable afirmar que Veracruz ya superó su crisis de seguridad. No es así. Persisten regiones complejas, delitos de alto impacto y estructuras criminales que todavía operan con fuerza. La percepción ciudadana tampoco cambia de un día para otro.
Pero sí existe una diferencia visible frente a otros tiempos: hoy hay conducción política, presencia institucional y una estrategia definida. Y eso, en un tema tan delicado como la seguridad pública, ya representa un cambio significativo.
Rocío Nahle y su secretario de Seguridad, Alfonso Reyes Garcé, saben que los resultados en esta materia no admiten triunfalismos prematuros. La seguridad no se gana con discursos, sino con constancia. Pero también saben algo fundamental: retroceder ya no es opción.




