¿Qué sigue Presidente?

La economía del país podría hundirse 10.5 por ciento este año… o más.

Expectativas del FMI anticipan una tragedia para nuestro país en materia económica.

Si fuera así como lo señala el organismo internacional sería la baja económica más importante en 88 años.

Si rebasamos -15 por ciento, relativamente probable, entonces será la caída del PIB más importante en toda nuestra historia, en la historia de mediciones del Producto Interno Bruto.

El Gobierno Federal tiene una parte de responsabilidad en ello.

Ya en 2019 la caída del PIB, datos revisados por el Banco de México, señalan un desplome de -0.3 por ciento que nada significa frente a una caída de -10.5 por ciento, que anticipa el Fondo Monetario Internacional, no caracterizado por ser extremo en sus apreciaciones.

La pandemia nos complicó las cosas y el gobierno no perdió la oportunidad para hacerlo más grave de lo que podía haber sido.

Omitió aplicar estrategias fiscales al asunto como remedios que amortiguaran el daño.

No nos hubiéramos librado de un signo menos en el PIB, pero era posible que no cayéramos a tal extremo como pudiera pasar.

Ahora, con un regreso incierto a la nueva normalidad, es probable que menospreciemos el costo de retomar a la actividad usual antes de lo que debe ser prudente. Un regreso con rebote de contagios y decesos pudiera agravar nuestro comportamiento económico el presente año.

A la mitad del año la expectativa del FMI garantiza a México un lugar muy destacado entre las naciones más afectadas por la pandemia.

Seremos una de las cinco economías más lesionadas, y en una de esas pudiéramos pasar al Top Three.

Debemos al menos considerarlo y por ello la pregunta sería: y ahora ¿qué vamos a hacer?

El secretario de Economía sabe, y antes de la pandemia afirmó que el Gobierno que encabeza AMLO aplicaría políticas anticíclicas. Pero una cosa es conocer la fórmula y otra, muy distinta, el aplicarla.

Parece que su jefe no está convencido y que la idea de apoyar a las empresas no le viene bien ni simpatiza con ella.

México requiere una política económica de emergencia que contemple al menos los siguientes tres años para su aplicación.

Poner a trabajar a la banca de desarrollo y comprometer a la banca comercial a unir esfuerzos al lado del sector productivo, el campo y el deteriorado sector industrial.

Si no lo hace, el gobierno así, y cree que el asunto se compondrá con un simple regreso a funcionar, se equivoca.

Si además sigue enviando señales claras de que no está dispuesto a respetar el marco del Derecho, a aplicar políticas incluso de espaldas al futuro (como lo representa el impedir que en este país se genere energía limpia), la pesadilla de tallas históricas será inevitable.

Estamos a horas de iniciar el TMEC y ya las empresas de Estados Unidos nos tienen una amarga bienvenida: El supuesto encuentro presidencial en Washington pudiera incluir un jalón de orejas del presidente Trump al presidente López Obrador por discriminar a empresas estadounidenses de beneficios y oportunidades firmadas y que están comprometidos en el acuerdo.

Hay, a la vista, amplias oportunidades de complicar las cosas, algo que parece disfrutar el actual gobierno de la República.

Dios nos socorra.