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CURRÍCULUM, PREJUICIOS Y EL EXAMEN REAL
El relevo en la Secretaría de Educación de Veracruz se ha convertido, en redes, en un examen de credenciales. Raquel Bonilla Herrera, senadora suplente de Morena, fue anunciada por la gobernadora Rocío Nahle García como nueva titular, en sustitución de Claudia Tello Espinoza.
De inmediato surgieron las preguntas: ¿qué sabe de educación?, ¿fue maestra?, ¿qué experiencia tiene para encabezar una estructura de ese tamaño? Son preguntas legítimas. Lo que ya no lo es tanto es pretender que las respuestas caben en una etiqueta.
La etiqueta y el dato que la desmiente
Circuló la versión de que Bonilla fue, antes de la política, una "líder tianguista". Los perfiles legislativos registran algo distinto: entre 2010 y 2018 perteneció al Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Radio y la Televisión, y después ocupó cargos partidistas en Morena.
Pertenecer a un sindicato no tiene nada de deshonroso. Cuestionar el perfil de una funcionaria es válido; deformar su trayectoria para descalificarla no lo es.
También se dijo que su licenciatura en Derecho seguía inconclusa, según la ficha del Sistema de Información Legislativa. El dato está superado: Bonilla la concluyó en junio de 2024 y obtuvo su cédula en mayo de 2025. El Registro Nacional de Profesionistas ya lo refleja; la ficha legislativa, no.
Ortografía, política y un salto lógico
Otra crítica giró en torno a una publicación donde Bonilla respaldó al expresidente venezolano Nicolás Maduro, con errores de puntuación. El texto sí tiene fallas. Pero de ahí a concluir que una publicación de pocas líneas demuestra incapacidad para dirigir una dependencia hay un salto lógico considerable.
Una cosa es la corrección de un texto; otra, la capacidad de gobierno. Si ese criterio se aplicara parejo, alcanzaría a casi toda la clase política mexicana.
Lo que sí trae Bonilla
Su trayectoria no es docente, y eso debe decirse con claridad. Pero tampoco está vacía de asuntos públicos: dos legislaturas en la Cámara de Diputados, con paso por comisiones de Desarrollo Metropolitano, Urbano, Movilidad y Energía, entre otras, y después el Senado como suplente de Claudia Tello.
Ahí trabajó legislación, presupuesto, infraestructura y coordinación entre órdenes de gobierno: capacidades administrativas que sí importan para dirigir una dependencia. En 2019, además, impulsó una proposición sobre la situación laboral de docentes de Centros de Atención a Estudiantes con Discapacidad, aprobada por la Comisión de Educación.
No la vuelve especialista. Pero tampoco permite decir que su paso legislativo estuvo desconectado de la educación.
Tres competencias distintas
Saber de educación, administrar una institución educativa y gobernar políticamente una dependencia no son la misma competencia. Una gran docente puede no saber administrar presupuesto y relaciones sindicales; alguien sin experiencia en el aula puede llegar con capacidades de negociación y gestión perfectamente transferibles.
Una Secretaría no funciona alrededor de su titular: hay subsecretarías, direcciones y especialistas que conocen el sistema. La tarea de quien la encabeza no es sustituirlos, sino conducirlos, priorizar y conseguir recursos. La política educativa, además, no termina en el aula: incluye infraestructura, presupuesto y programas como La Escuela es Nuestra, terreno donde la experiencia previa de Bonilla sí encuentra aplicación directa.
¿Sin cuestionamientos? No
La falta de trayectoria dentro del sistema educativo es una crítica legítima. Bonilla tendrá que demostrar que entiende rápido una dependencia compleja y sabe dialogar con el magisterio.
Pero un título tampoco garantiza buena administración: la historia política mexicana está llena de expedientes académicos impecables con gestiones marcadas por irregularidades. Y, en sentido contrario, una trayectoria académica no lineal —como la de la diputada capitalina Guadalupe Chávez Contreras, cuestionada en 2023 por su licenciatura inconclusa y que aun así logró armonizar legislación relevante sobre pueblos originarios— tampoco demuestra incapacidad.
La pregunta que sí importa
Hay confianza política en el nombramiento, sin duda. Pero confianza política y capacidad técnica no son lo mismo: una explica por qué alguien llega al cargo; la otra, si puede desempeñarlo.
La SEV recibe a su nueva titular con reclamos sindicales, adeudos e inconformidades por movimientos de personal. No hay margen para meses de aprendizaje. Tendrá que escuchar, rodearse de quienes conocen el sistema, negociar y resolver. Ahí, y no en una ficha curricular, se sabrá lo que realmente importa.
El examen todavía no empieza
Que la cuestionen, sí. Que le exijan preparación y resultados, también. Pero sentenciarla a partir de una etiqueta, una ficha desactualizada o una publicación con errores ortográficos reduce una discusión compleja a argumentos que solo suenan contundentes mientras nadie los revisa.
Raquel Bonilla no necesita que nadie le regale una aprobación. Necesita demostrar que está a la altura del cargo, y eso no se acredita con un título colgado en la pared: se demuestra con decisiones, gestión y resultados.
El currículum explica de dónde viene un funcionario. La gestión explicará para qué sirvió su nombramiento.




