Columna sin nombre
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Hay problemas que sobreviven al paso de los años porque resolverlos exige algo más que voluntad: requieren encontrar el momento, el procedimiento y los acuerdos capaces de convertir una necesidad colectiva en una respuesta institucional. ¿Cuánto tiempo debe transcurrir para que una demanda histórica deje de ser una aspiración y comience a traducirse en hechos?
En el Mercado Municipal “Miguel Rebolledo”, de Coatepec, esa pregunta encuentra hoy un nuevo punto de partida.
Durante la Quincuagésima Sesión Extraordinaria de Cabildo, encabezada por el alcalde, maestro Jorge Ignacio Luna Hernández, las y los ediles aprobaron por unanimidad el Programa Extraordinario de Regularización Fiscal para las y los locatarios. La decisión atiende una demanda histórica del sector comerciante mediante una medida que va más allá del alivio económico inmediato: la condonación de adeudos históricos por derechos de ocupación se vincula con la regularización administrativa y la posibilidad de brindar certeza jurídica a quienes trabajan en ese espacio.
La importancia de esta decisión no reside únicamente en lo que se condona, sino en lo que puede comenzar a ordenarse a partir de ella.
En ocasiones, la conversación pública se detiene en las cifras, como si el valor de una decisión pudiera medirse exclusivamente por su dimensión económica. Sin embargo, detrás de los asuntos administrativos existen personas, familias y actividades comerciales que necesitan algo elemental: saber cuál es su situación, qué obligaciones les corresponden y bajo qué condiciones pueden desarrollar su trabajo con mayor certidumbre.
La regularización adquiere sentido precisamente en ese punto. No se trata solamente de resolver una situación acumulada, sino de establecer condiciones administrativas más claras para los comerciantes y para el propio Ayuntamiento.
Cuando los procedimientos permiten identificar obligaciones, ordenar registros y brindar certeza, la relación entre la autoridad y quienes ejercen una actividad económica puede transitar de la incertidumbre hacia reglas más definidas.
Hay, además, un elemento que merece atención. De acuerdo con la información difundida por el Gobierno municipal, el presidente municipal impulsó esta iniciativa hace ocho años, cuando se desempeñaba como regidor tercero. Ahora, la propuesta presentada por la síndica única, Stephanie Platas Osorio, encontró cauce institucional y obtuvo el respaldo unánime del Cabildo.
La secuencia importa. Las demandas históricas no siempre encuentran una respuesta inmediata; necesitan continuidad, seguimiento y mecanismos que permitan llevarlas a los espacios donde las decisiones públicas adquieren forma.
El antecedente referido por el Ayuntamiento sitúa esta resolución en una trayectoria que rebasa la coyuntura y permite comprender por qué su aprobación representa un paso significativo para el sector.
La unanimidad, por su parte, aporta un dato político relevante. En un órgano colegiado, una decisión respaldada por todas y todos sus integrantes expresa un punto de coincidencia alrededor de un asunto público. Ese acuerdo no elimina la necesidad de dar seguimiento a lo aprobado, pero sí permite identificar una base institucional común para avanzar.
Y es ahí donde conviene mirar hacia adelante. ¿Qué significa para una familia comerciante contar con mayor claridad sobre su situación administrativa? ¿Qué cambia cuando una demanda que durante años formó parte de las necesidades del sector encuentra una respuesta formal? La contestación no se agota en el anuncio: deberá reflejarse en la aplicación del programa, en la atención a cada caso y en las condiciones que permitan a los locatarios continuar sus actividades con mayor certeza.
El fortalecimiento del comercio local también pasa por estas decisiones. Los mercados no son únicamente espacios de intercambio económico; son lugares de trabajo, sustento familiar y convivencia cotidiana. Su dignificación requiere instalaciones adecuadas, pero también procedimientos comprensibles, reglas claras y una relación institucional que permita atender las necesidades de quienes sostienen su actividad día tras día.
Por eso, la condonación debe entenderse dentro de un proceso más amplio: el de atender una demanda histórica y abrir una vía administrativa para ordenar la situación fiscal de los locatarios. El beneficio inmediato importa, pero también importa lo que puede hacer posible: mayor certidumbre, una relación más clara con la autoridad y mejores condiciones para el desarrollo de la actividad comercial.
En Coatepec, la aprobación del Programa Extraordinario de Regularización Fiscal marca un avance en ese camino. La tarea siguiente será llevar la decisión a la práctica y asegurar que sus beneficios se traduzcan en resultados para quienes han esperado una respuesta.
Porque, al final, la capacidad de un gobierno no se mide solamente por las decisiones que anuncia, sino por su capacidad para convertirlas en soluciones concretas. Y cuando una demanda histórica encuentra cauce institucional, lo verdaderamente importante es que ese paso abra una etapa de mayor orden, certeza y dignidad para quienes viven de su trabajo.




