El poder de lo que dejamos de preguntar
*Disclaimer: Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad exclusiva de su autor. No representan necesariamente la postura de los medios que la publican ni de las instituciones, organizaciones o espacios profesionales con los que mantiene o pudiera mantener alguna relación. *
Hay decisiones que se explican por sí mismas; otras obligan a preguntar por qué, una vez tomadas, alguien necesita convertirlas en otra cosa.
El pasado 15 de julio, durante la trigésima quinta sesión extraordinaria de Cabildo, se discutió una propuesta concreta: mantener las percepciones económicas de las y los ediles en los niveles establecidos al inicio de la administración, ante la proximidad del cierre del ejercicio fiscal 2026.
La síndica única, Stephanie Platas Osorio, argumentó que la medida respondía a criterios de austeridad, racionalidad, transparencia y disciplina financiera, además de permitir liberar recursos para servicios públicos, obra prioritaria y áreas críticas.
Hasta ahí, no hay misterio: una decisión presupuestal sometida a deliberación.
El problema aparece cuando una diferencia institucional deja de discutirse con argumentos y comienza a convertirse en narrativa de confrontación. En un Cabildo plural como el de Coatepec, es legítimo estar en contra.
Según consta en el acta, hubo quienes cuestionaron que existiera un riesgo financiero suficiente para modificar las percepciones y quienes defendieron la asignación vigente bajo el argumento de que los recursos ya estaban programados. Eso también es democracia.
La propuesta se discutió en pleno y fue sometida a votación. El resultado: cinco votos a favor y cuatro en contra.
Cinco contra cuatro.
Hubo pluralidad, desacuerdo y una decisión institucional.
El acuerdo estableció, además, que los recursos derivados de la política de austeridad serían canalizados prioritariamente al fortalecimiento de los servicios municipales. El alcalde planteó durante la sesión una estimación de aproximadamente 1.2 millones de pesos susceptibles de reorientación durante el resto del ejercicio, incluyendo la posibilidad de fortalecer áreas operativas como seguridad pública.
Ese dato cambia la perspectiva: Hablamos de prioridades.
Y cuando se habla de prioridades, la pregunta ciudadana no debería limitarse a quién ganó una votación, sino a qué puede hacer Coatepec con cada peso disponible.
¿Cuánto puede ahorrarse? ¿Dónde puede generar mayor beneficio? ¿Qué servicios requieren fortalecimiento? Esas son preguntas que pueden responderse con documentos, números y resultados.
El riesgo está en que la discusión presupuestal sea desplazada por la controversia política. Primero ocurre la decisión; después aparece la disputa; luego, la disputa se amplifica. Finalmente, el ruido amenaza con convertirse en el tema principal.
El hecho desaparece detrás de su propia reacción. No hace falta atribuir intenciones para reconocer ese efecto.
Por eso, la discusión de fondo quizá no esté en los 55 mil, los 50 mil o los 45 mil pesos. Está en algo mucho más importante: ¿Quién está dispuesto a poner el interés municipal por encima de la rentabilidad política de una controversia?
La respuesta no estará en las publicaciones ni en las acusaciones. Estará en los votos, en los recursos utilizados, en las obras, en los servicios y, sobre todo, en los resultados.
Coatepec no necesita que cada diferencia se convierta en una guerra de narrativas. Necesita crítica con sustento, oposición responsable y decisiones capaces de resistir el escrutinio público.
Gobernar exige algo más difícil que confrontar: tomar decisiones, asumir su costo político y demostrar con resultados para qué se tomaron.
Ahí está el verdadero debate.




