La propuesta impositiva a la cerveza y licores para 2027
Hay una pregunta más inquietante que saber quién es Fernando Cerimedo: ¿cuántas opiniones que parecen espontáneas realmente lo son?
Su detención en Bolivia abrió una puerta que trasciende el expediente judicial. Cerimedo, fundador de La Derecha Diario y vinculado empresarialmente con Javier Negre, formó parte de una arquitectura político-mediática extendida por América Latina: medios digitales, cuentas coordinadas, automatización, influencers y amplificación masiva. En México, la discusión adquiere otra dimensión por los vínculos documentados de Negre con Ricardo Salinas Pliego, empresario abiertamente confrontado con el proyecto gobernante.
El problema no es que la derecha defienda sus ideas —hacerlo es legítimo en democracia—, sino que la propaganda pueda disfrazarse de conversación espontánea; que una estructura reducida aparente una multitud y termine condicionando aquello que miles perciben como opinión mayoritaria.
Los bots no inventan necesariamente el descontento. Pueden hacer algo más eficaz: encontrarlo, exacerbarlo, direccionarlo y ofrecerle una interpretación.
Ahí está el cambio.
Durante décadas, la izquierda cuestionó quién poseía televisoras y periódicos. Hoy necesita comprender también quién posee la capacidad tecnológica y económica para fabricar ambiente: antes se compraban espacios; ahora puede comprarse alcance... incluso apariencia de consenso.
El desafío no consiste en descalificar toda crítica como artificial, sino en identificar estas arquitecturas, exhibir sus mecanismos y disputar el espacio público con información, organización, resultados y datos verificables.
La pregunta, entonces, ya no es solamente quién controla los medios.
Es otra: ¿quién puede fabricar la sensación de que “todos” piensan lo mismo?




