Cosmovisión
*Disclaimer: Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad exclusiva de su autor. No representan necesariamente la postura de los medios que la publican ni de las instituciones, organizaciones o espacios profesionales con los que mantiene o pudiera mantener alguna relación. *
Hay una diferencia importante entre informar sobre un programa público, anunciar que llegará a un municipio y asegurar que alguien recibirá una vivienda. Confundir esas tres cosas puede convertir una discusión legítima en un señalamiento que necesita más pruebas de las que presenta.
El panorama de Vivienda para el Bienestar en Coatepec tuvo una actualización importante este sábado 31 de octubre. El alcalde, maestro Jorge Ignacio Luna Hernández, informó que se reunió en Tuxpan con la gobernadora Rocío Nahle García y la titular de la SEDATU, Edna Elena Vega Rangel, junto con otras autoridades municipales, para continuar revisando los pormenores del programa.
En esa jornada se abordaron las condiciones para desarrollar nuevos proyectos habitacionales, entre ellas, la viabilidad de los terrenos, la infraestructura y los servicios básicos.
La participación de Coatepec en esta mesa de seguimiento representa un avance en términos de coordinación institucional.
Este contexto resulta indispensable para examinar una publicación reciente en Facebook sobre el programa. El señalamiento atribuye a Gabriel Marín Mora, coordinador de Casa Morena en Coatepec, la intención de engañar a la población mediante la difusión de un material que en realidad es meramente informativo.
La publicación apareció en una página cuyo nombre parece prometer que la crítica se reparte sin distinciones; no obstante, la imparcialidad no se demuestra con el rótulo elegido, sino con el tratamiento equilibrado de los hechos. Cuando la selección de argumentos y el tono apuntan reiteradamente en una sola dirección, la cautela también debe formar parte de la lectura.
Primero, los hechos: El programa federal no funciona mediante una asignación inmediata ni depende de que alguien distribuya un folleto. Tiene criterios de elegibilidad, procesos de registro, revisión documental, delimitación territorial y mecanismos de selección. Cuando la demanda supera la disponibilidad de viviendas, puede recurrirse al sorteo, según establecen las disposiciones de la Comisión Nacional de Vivienda.
Segundo, el contenido del material difundido: En la publicación se aprecia el anverso y el reverso de un folleto atribuido al exdirector de Gobernación del Ayuntamiento de Coatepec. En su portada aparece Marín, con un mensaje sobre su participación organizativa. En el reverso se presenta el programa federal, se identifica a la presidenta Claudia Sheinbaum como su impulsora y se describen requisitos generales para las personas interesadas.
El folleto contiene información que coincide con criterios oficiales del programa, entre ellos, la mayoría de edad, la carencia de vivienda propia, la identificación oficial, la CURP y los comprobantes de domicilio e ingresos. Razón por la cual no puede ni debe interpretarse como una promesa de asignación de viviendas.
Una revisión responsable debe señalar esas diferencias sin atribuirle al documento afirmaciones que no contiene.
Y aquí aparece la cuestión central: ¿en qué momento la fotografía de una persona se convierte, por sí misma, en prueba de que está prometiendo un beneficio público?
La presencia de una imagen puede abrir una discusión sobre la presentación personal de un material informativo; demostrar que alguien ofreció viviendas, garantizó lugares en un padrón o aseguró que el programa ya estaba autorizado para Coatepec es una cuestión muy distinta. Para sostener esto último se necesitan evidencias concretas.
También conviene distinguir la crítica de la descalificación: Cuestionar el contenido de un folleto, solicitar información sobre su financiamiento o pedir claridad respecto de una actividad pública son asuntos legítimos; atribuir intenciones, presentar una denuncia anónima como prueba o convertir una interpretación en un hecho comprobado exige un estándar de rigor diferente.
Hay, además, un elemento que no debería pasar inadvertido: la recurrencia de los ataques personales. En distintas publicaciones realizadas por Gabriel Marín a través de su página de Facebook se observan intervenciones reiteradas de perfiles plenamente identificables que descalifican su persona y cuestionan sus actividades. En algunos casos, a esas participaciones les siguen comentarios desde cuentas cuya autenticidad no está acreditada.
La sucesión de estos episodios plantea una pregunta legítima: ¿en qué momento el cuestionamiento de una actividad pública deja de centrarse en los hechos y se convierte en una dinámica persistente de descalificación personal? No se trata de cuestionar el derecho a la crítica, sino de advertir que este pierde rigor cuando las afirmaciones personales sustituyen la discusión sobre la información disponible.
La vivienda es demasiado importante para convertirse en una discusión de fotografías y sospechas. Las familias necesitan información clara sobre los alcances del programa, sus procedimientos y las posibilidades reales de acceso. Esa conversación merece estar por encima de cualquier disputa personal.