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XALAPA, Ver., 24 de diciembre de 2015.- A algunos les falta un dedo, otros no tienen piernas o se quedaron sin cabeza, sin pestañas o están despintados, pero para la Noche Buena quedan como nuevos y listos para ser adorados y acostados en los nacimientos de las casas.
Los restauradores de Niños Dios se desvelan hasta las 4:00 de la mañana en la víspera de la Navidad para entregar a las familias a los niños que les llevaron a componer, ya sea por una caída o por el desgaste del tiempo.
Aunque salga más barato comprar uno nuevo, el arraigo y la devoción por un Niño Dios hace que las familias prefieran restaurarlos. Algunos los llevan cubiertos con ropa o alguna cobijita, como si de un bebé vivo se tratara; es el mayor símbolo de la Navidad en sus casas y debe lucir lo mejor posible.
Sentada en su local, al interior del mercado Jáuregui de Xalapa, Enedina Libreros pinta con mucho cuidado los ojos de un niño pequeño. Desde hace 10 años restaura estas imágenes de yeso o fibra de vidrio, con mucho cuidado en cada detalle.
“Hay niños que me han traído que tienen 60 y 70 años. Con el tiempo se deterioran, a veces porque son de la abuelita que se lo dio a la hija, y así; una vez me trajeron uno que no tenía la parte de atrás de la cabeza. Me di ideas y quedó. La gente hasta me da más cuando ven que queda”.
En este mercado, una decena de locatarios ofrece este servicio durante todo diciembre y hasta febrero, cuando se levantan, según la tradición católica, en el Día de la Candelaria.
Jesús Jiménez lleva una semana durmiendo poco, pues aún le faltan varios niños que entregar. En esta temporada le llevan entre 50 y 100 niños a reparar. “Es la tradición de cada gente, el niño tiene años con ellos y se les hace mejor componerlos que comprar uno nuevo. Es como un niño que se enferma; no vas a hacer otro para reponerlo. Lo debes llevar a curar, así es el Niño Dios”.
El oficio de restaurador lo aprendió dentro de ese mercado y ya lleva 20 años y sigue disfrutando ligar, resanar o pegar para luego pintar a los niños. “Usamos pinceles finos, cemento blanco, pegamento, pinturas, lijas; en un principio me costaba, ahora todo se me ha facilitado. Hay compañeros que no pueden y me los traen y les echo la mano”.
La restauración cuesta entre 50 pesos, cuando sólo hay que pegar uno o dos dedos y hasta los 500 pesos cuando se tienen que reconstruir, pintar y poner pestañas nuevas. “Me los han traído en pedazos y los compongo completos”.
Es así como este oficio revive cada diciembre para que las familias celebren la Navidad con un Niño Dios reluciente, que para la mayoría de los católicos simboliza esta temporada y la paz.