
El Plan México de la cuarta transformación
Por un candidato de unidad
Es verdad, y es una tesis que se ha sostenido en este espacio desde hace mucho tiempo: La única forma de que el PRI se mantenga en el poder en Veracruz es privilegiando la unidad interna.
La historia democrática de esta entidad deja bien claro que los principales enemigos del PRI en cada elección, han sido los propios priistas.
Para la sucesión del 2016 –y en gran medida para la del 2018- el responsable de garantizar el trabajo unido de la militancia tricolor, es el Gobernador Javier Duarte de Ochoa… sin importar el nombre, o los apellidos del candidato, que seguramente será definido en la capital del país, como lo dispone la ortodoxia de ese órgano político.
El artículo publicado el pasado lunes en el Diario de Xalapa parece ser un intento más del mandatario estatal (no el único, pues han sido muchos los fallidos emisarios) por llamar al senador José Yunes Zorrilla al diálogo, a la búsqueda de consensos.
Lo criticable de dicho artículo fue la forma, no el fondo.
El texto vuelca toda la responsabilidad del distanciamiento en el senador y lo llama a “reconsiderar su actitud”, cuando el primer requisito para promover el diálogo, es que las partes dejen a un lado la soberbia y asuman el compromiso de buscar acuerdos.
La capacidad de Javier Duarte como operador político está fuera de discusión. Aunque en la elección federal del 2012 en Veracruz fue derrotado Enrique Peña Nieto (como cayó Roberto Madrazo en el 2006 y Francisco Labastida en el 2000), en la elección federal de este año el PRI, en alianza con el Partido Verde, con los candidatos que recomendó Javier Duarte, entregó excelentes números, con el triunfo en 16 de los 21 distritos.
Esto ayudó a construirle al Presidente una cómoda mayoría en el Congreso para operar en la segunda mitad de su gobierno.
Javier Duarte no está cruzado de brazos en su oficina en espera de que, desde el centro, le digan quién será el candidato tricolor para sucederlo. A él le toca generar las condiciones óptimas para ratificar el triunfo del PRI, y en eso ha estado trabajando.
Desde su óptica, la creación de un “gobierno de transición” de dos años, habrá de beneficiar al aspirante tricolor. Pero no se ha limitado a dicho ajuste. Además operó con su gente la redistritación de la entidad, con la aplicación de una fórmula que le da amplia ventaja al PRI, pues las fuerzas opositoras que habían crecido en algunas regiones de Veracruz, ahora se verán fragmentadas.
Los órganos electorales, que estarán totalmente reformados para el 2016, incluirán en sus filas a gente afín al actual gobierno.
Y se opera ya en el diseño de estrategias para sacar todo el provecho político de los programas asistenciales, tanto federales como estatales, además de que se están renovando los liderazgos regionales, y se están formando nuevos cuadros dentro del PRI.
Está claro que el priista que aspire a suceder a Javier Duarte tendrá que respaldarse en la estructura que está construyendo el actual Gobernador.
Lo que reclaman los senadores priistas es que no haya dados cargados, que el suelo esté parejo para todos los que aspiran. Eso también le toca a Javier Duarte.
El mensaje me llegó a primera hora del martes: “Nunca nos mató el hambre El Chanclas. Jamás lo vimos, jamás nos invitó ni una botella de agua”.
Mensaje recibido.
Mi fuente -que no fue el contador Gonzalo Morgado, a quien sólo conozco de saludo- es muy confiable, aunque pudo equivocarse.