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XALAPA, Ver., 1 de junio de 2015.- En una carrera contra el tiempo y la edad, sin sueldo ni prestaciones, los empacadores voluntarios intentan sobrevivir de la gratitud de las personas en las tiendas comerciales.
A cambio de sólo unos pesos y a veces sólo un “gracias”, soportan una larga jornada, a veces sin poder descansar las piernas; además, tienen prohibido hablar sobre su trabajo. Al final de las cajas de cobro, los empacadores luchan contra sus manos cansadas para colocar en bolsas todos los productos.
El Súper Che de la calle Ignacio de la Llave, en Xalapa, es el reflejo de los muchos otros que permiten “la reincorporación de los adultos mayores a la vida productiva”.
En una banca pequeña, los empacadores esperan su turno y cuando cambian empiezan de nuevo su carrera por conseguir un peso, cinco o 10, a lo mucho, pero en otros casos solamente reciben una expresión a manera de disculpa: “te lo debo, no traigo suelto”, pero hay quien los ignora y toman sus carritos con las bolsas acomodadas, sin decir “gracias”.
De los cajeros, supervisores y gerentes no hay respuesta ni explicación a sus condiciones de trabajo voluntario, pero sí restricciones para que los empacadores o cerillitos no hablen. A cualquier solicitud de información oficial, sólo existe una respuesta: hay que dirigir un oficio a la gerencia de la tienda para hablar sobre los empacadores, pero nunca permiten una entrevista.
Desde el DIF, las convocatorias
Aunque los adultos mayores cumplen con una jornada y carga de trabajo, no tienen salario ni prestaciones laborales, sólo tienen un espacio para empacar mercancía a cambio de unas monedas a manera de gratitud del cliente, ordenar carritos y doblar cajas en bodegas.
Hace tres años, el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) se desentendió del problema de la explotación e informalidad de los llamados cerillitos, pero los DIF municipales promocionan espacios para ayudar a los adultos mayores en su economía, y reinsertarlos a la vida productiva, pero sin sueldo.
En octubre de 2014, la presidenta del DIF en Poza Rica, Araceli Sánchez de Quiroz, en coordinación con el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (Inapam), lanzó una invitación a las personas de entre 60 y 75 años para ser canalizados a “colaborar” en algún centro comercial.
La invitación fue abierta y fijó requisitos: copia de certificado médico, copia de hoja de afiliación de seguro o credencial, tarjeta de citas, póliza de Seguro Popular, copia de credencial de Inapam, copia de credencial de elector, copia de CURP, copia de comprobante de domicilio reciente (agua, luz o teléfono), copia de acta de nacimiento y un fotografía tamaño infantil reciente.
En su convocatoria, la presidenta del DIF municipal negó que se promoviera la explotación de adultos mayores, y en aquel entonces dijo que se trataba de “un trabajo con el que adquieren un recurso que les puede ayudar para sus medicinas o artículos personales”.
Chedraui, con propinas a empacadores y sueldos de hambre a sus empleados
Aunque prácticamente todas las tiendas comerciales tienen adultos mayores y niños como empacadores voluntarios, la empresa Chedraui enfrentó un boicot comercial por violaciones laborales y de sanidad.
En su página, el Corporativo Chedraui presume y agradece las metas alcanzadas en 2014 a sus colaboradores, pues “no hubiesen sido posibles sin su profesionalismo, compromiso y esfuerzo diario”. Al 31 de diciembre de 2014, la empresa reportó que cuenta con cinco mil 347 empacadores que, por ser voluntarios, no tienen sueldo, Seguro Social ni prestaciones, aunque cubran una jornada y presten sus servicios dentro de las instalaciones de la empresa.
Justifica INAPAM explotación laboral de adultos mayores
En agosto de 2014, la delegada estatal del Inapam, Bárbara Bernés Fentanes, dijo que “por las condiciones físicas que presentan” y la falta de actualización en tecnología, es muy difícil incorporarlos al sector productivo.
“Tenemos un programa de vinculación laboral que es de empacadores voluntarios, siempre estamos buscando nuevas plazas, lamentablemente se dificulta su inclusión al mercado laboral”. Así justificó la existencia de un programa de vinculación laboral de empacadores voluntarios, y en ese entonces también se quejó de la excesiva tramitología en los 212 ayuntamientos veracruzanos para firmar convenios de colaboración con el Inapam y entonces lograr descuentos y fomentar actividades de inclusión.