
Teresa Gil/Libros der ayer y hoy
Campañas sin lustre
Hace diez días iniciaron las campañas políticas en todo el país, y por ende en los 21 distritos electorales de Veracruz.
Hasta ahora las jornadas diarias han transcurrido con más pena que gloria.
Candidatos repetidos hasta el hartazgo en el caso del PRI, en la acera de enfrente abanderados opositores sin rostro y sin trayectoria en la mayoría de los casos.
Los candidatos, conocidos o no, poco o nada tienen que ofrecer a un electorado que ya no cree en la política, desencantado del actuar de sus gobiernos y enfurecido ante la circunstancia económica, de impunidad y de inseguridad pública que priva en la mayoría de las regiones del país.
En el caso de Veracruz los focos de alerta están encendidos en el PRI, no hay certeza de triunfo en ningún distrito; si bien los candidatos rojos tienen fama pública frente a los desconocidos rivales de los partidos de oposición, el conocimiento no siempre es positivo, los priistas reflejan y llevan a cuestas el descrédito del partido a nivel nacional, la pésima imagen de la institución presidencial y los escándalos, uno tras otro, en que se han visto involucrados personajes del primer círculo del poder.
El voto de castigo es el fantasma que asusta a los priistas, saben que si el electorado sale a las calles el siete de junio, la victoria podría complicarse.
El voto duro del partido se aplica y garantiza el triunfo frente al abstencionismo, de poco sirve cuando la gente acude a las urnas.
Es por ello que los priistas, un tanto por recomendación nacional, y mucho por decisión propia han tratado de poner una sana distancia frente al partido que los abandera, y más aún se guardan mucho de hablar de los logros de su presidente.
El gran transformador de este país, Enrique Peña Nieto está vetado en las campañas políticas; la indicación es no mencionarlo y menos aún hablar de sus reformas que cambiarían el rostro de este país, según aseguraban sus promotores hace algunos meses.
El caso más emblemático en Veracruz es Elizabeth Morales, la candidata por el distrito de Xalapa Urbano. Su imagen de identidad es una paloma y una mujer envuelta en una especie de túnica tricolor.
El PRI no existe en la campaña de la ex alcaldesa, pareciese avergonzada del partido que le ha dado todos los espacios públicos en los que ha transitado y en los que no ha dejado, por cierto, una buena imagen.
La imagen de identidad de la candidata ha generado comentarios irónicos sobre la musa inspiradora de su campaña política.
Elizabeth habla en todos lados donde se presenta de las obras que asegura hizo como alcaldesa de Xalapa, el concreto hidráulico de la avenida Lázaro Cárdenas, haber logrado para Veracruz la sede de los Juegos Centroamericanos y del Caribe.
El estribillo lo repite en todas partes.
Adolfo Mota promete regresar y cumplir las promesas a sus potenciales electores; valdría la pena que los ciudadanos del distrito de Xalapa Rural preguntaran a sus vecinos de Coatepec, cuántas veces regresó y cuántas promesas cumplió el candidato priista cuando fue diputado federal por su distrito natal.
En Córdoba, Marco Antonio Aguilar Yunes hace su mejor esfuerzo para recuperar el distrito para la causa priista.
Su principal problema no es el PAN, que no atraviesa por su mejor momento, sino el rival al vencer es el enojo ciudadano ante la crisis de seguridad que se vive en esa región que no ha podido ser resuelta a pesar de los esfuerzo realizado por las autoridades.
Similar situación vive Tarek Abdala quien intenta lograr el apoyo ciudadano en una región que también es asolada por la delincuencia.
Un ejemplo es Cosamaloapan que prácticamente es una ciudad fantasma ante el éxodo de muchas familias que decidieron abandonar su tierra por el temor a los grupos delincuenciales que operan en la zona.
El descrédito, la desconfianza y el enojo ciudadano es el escenario en que hoy se desenvuelven las campañas políticas en Veracruz y México.
La moneda está en el aire.