Desde la perspectiva popular, las reformas perpetradas por el nuevo gobierno: hacendaria y energética, tienen un sólo propósito: Allegarse fondos económicos a toda costa, apretando al contribuyente y aun vendiendo el patrimonio nacional.

Por el contrario: Encareciendo las prestaciones y servicios que el Estado ofrece en sus tres niveles de gobierno, como son los energéticos derivados del petróleo, los impuestos a bienes de consumo popular, las “tenencias”, los prediales, la energía eléctrica, y los tapones para evitar la evasión de impuestos.

Todo esto tiene un común denominador, una sola figura: El embudo con la boca volteada hacia el pueblo para que éste le eche lo poco que le va quedando y el Estado reciba lo mucho que se va juntando. Y como buen embudo no funciona al revés, no hay modo de que del lado estatal le echen algo para que derrame sobre los ciudadanos.

El mecanismo quedó en evidencia clarísima ayer, cuando le tocaba al gobierno derramar sobre los pensionados que viven de las gotas de su pensión; el gotero se atascó, no así el gasolinazo del sábado 7 de diciembre, anunciado como “último del año” para que lo tomemos como aguinaldo o sea, como regalo y dádiva graciosa de los enemigos que elegimos para gobernarnos.

El embudo funciona a la perfección.