
El Plan México de la cuarta transformación
Alejandro Encinas no es un asesino; es un encubridor de delincuentes
El senador perredista Alejandro Encinas nos honró ayer con su presencia en esta capital y estoy seguro que si alguien le hubiera dicho lo que le iba a suceder, nomás no viene.
Resulta que se dejó ver por un café del centro y dio una conferencia donde habló de la crisis que vive el estado de Guerrero, de la que por supuesto se deslindó, para después saltar a la inseguridad que vive Veracruz.
La conferencia terminó y el senador se dispuso a hincarle el diente a un opíparo almuerzo cuando un grupo de mozalbetes que portaban banderas y carteles del Frente Popular Revolucionario llegaron hasta donde estaba y comenzaron a gritarle “¡asesino, asesino!”. Esto en clara alusión a los hechos ocurridos en Iguala donde se culpa al ex alcalde perredista de la muerte de seis personas y la desaparición de 43 normalistas.
Alejandro trató de aparentar calma y se mantuvo en su asiento. A sus acompañantes no les quedó de otra que hacer lo mismo. Los gritos de “¡asesino, asesino!” se multiplicaron lo que tensó el ambiente. El senador se acercó a uno de sus acompañantes y algo le dijo al oído. Quiero pensar que le ordenó: “pide la cuenta y vámonos” y en esas estaban cuando un mozalbete de pantalón de mezclilla, playera azul y gorra, le aventó un balde de agua en pleno rostro. Alejandro quiso cabecear pero imposible, el agua le llegó a la cara y al pecho.
Iracundo por la humillación se levantó de su asiento y le dio un empellón al agresor lo que calentó a sus compañeros que sin más se le fueron encima a golpes y palos. Alejandro alcanzó a acomodar un par de carambazos pero eso fue todo porque los atacantes eran más.
El traca traca duró apenas unos instantes y se calmó cuando varios sujetos subieron al perredista a un auto en el que abandonó el lugar. Los agresores por su parte protegieron al cuate del balde y regresaron a la Plaza Lerdo a seguir con su desmadrito.
Todavía cuando el auto se ponía en movimiento un par de chavos le escupieron a la cara la palabra “¡asesino!”, pero aquí es pertinente hacer una aclaración. Alejandro no es ningún asesino, es encubridor de delincuentes.
En octubre de 2009 fue dado a conocer un audio donde el entonces diputado federal electo, Julio César Godoy Toscano, presuntamente sostiene una charla con el líder de los Caballeros Templarios (entonces La Familia Michoacana), Servando Gómez, La Tuta.
Atrapado en la maroma Julio César anduvo prófugo un año hasta que en septiembre del 2010 y tras haber burlado a las autoridades que lo esperaban afuera de San Lázaro para aprehenderlo, tomó protesta como diputado y con ello obtuvo el fueron que necesitaba para seguirse pitorreando de la justicia.
Investigaciones posteriores señalaron que el sujeto entró al Congreso oculto en la cajuela del auto de Alejandro Encinas y durmió en las oficinas de éste hasta el día siguiente en que tomó protesta.
En octubre de ese año la PGR levantó un nuevo cargo contra Godoy Toscano por lavado de dinero y ante el escándalo los legisladores lo desaforaron el 14 de diciembre. Desde entonces anda prófugo. Por su parte Encinas se las ha ingeniado para que nadie le toque un pelo.
Reitero, Alejandro Encinas no es ningún asesino, pero sí un encubridor de delincuentes (al menos de uno) y ha tenido la desfachatez de escudarse en el fuero.
Lo que le sucedió ayer en Xalapa es reprobable, pero más lo es su cinismo y cobardía. Otro con tantito así de dignidad y respeto por su persona, hubiera pedido permiso al Congreso para hacer frente a las autoridades por el caso Godoy Toscano. Es más, si Alejandro tuviera vergûenza, integridad y decencia, jamás se hubiera prestado a encubrir a un delincuente.