
Raymundo Jiménez/Al pie de la letra
Lo que le faltó a la comparecencia de Alberto Silva
A la comparecencia de Alberto Silva Ramos en el Congreso Local el viernes anterior, le faltó el folklore de los acarreados, las garnachas, las gorditas, los refrescos y las chelas; la música de banda o de lo que fuera con tal de espantar el tedio de la espera.
Le faltaron las matracas y las pancartas con la leyenda ya clásica: “Gracias por su ayuda señor fulanito, estamos con usted”. Pero sobre todo, le faltó la caterva de colaboradores, asesores y leguleyos, esos que se han sentado a los costados y atrás del compareciente en turno para asesorarlo, aconsejarlo, apapacharlo, sacarlo del atolladero y para hacerle ver que no está solo, que tiene quien lo apoye porque es el más chingón del gabinete.
Pero ni falta que hizo la romería.
“Mis invitados especiales a este evento –dijo el funcionario- son mi disposición al diálogo, mi apertura ante los cuestionamientos que ustedes me hagan señoras y señores diputados y mi actitud respetuosa para responder de la mejor manera sus dudas y observaciones”.
En apenas unos minutos Alberto Silva habló de su labor al frente de la Coordinación de Comunicación Social y manifestó que la rearticulación de la relación con todos los medios ha sido el principal desafío de su gestión, situación que nadie puso en tela de juicio ya que la relación gobierno- medios estaba prácticamente rota.
La suya ha sido una de las comparecencias menos largas, pero además, una de las más completas de cuantas han tenido que aguantar los diputados que, dicho sea de paso, les fallaron a los chicos de la lente porque ninguno se durmió, bostezó o se largó por ahí a beberse un café. Nada de eso; estuvieron atentos al mensaje del tuxpeño, que por su parte no los agobió con cifras increíbles ni datos rimbombantes.
Quienes lo conocen desde que fue alcalde de Tuxpan o desde antes, saben que no mintió cuando aseguró que su norma ha sido privilegiar el diálogo y eliminar cualquier tipo de amenazas. “Entender a los periodistas en sus inquietudes y hacerles entender las nuestras: conciliar intereses comunes y todo sobre la premisa de un respeto absoluto de parte del Gobierno, hacia el ejercicio libre y sin cortapisas del periodismo en toda la entidad y en todos los medios de comunicación”.
La comparecencia careció de la pesadez y el hastío de las anteriores; fue ligera, ágil e incluso amena. Ningún tema se quedó en el tintero, no hubo evasivas ni retruécanos verbales; el funcionario contestó de manera directa, sencilla y uno a uno, todos los cuestionamientos que le plantearon los legisladores.
Sí, en efecto, faltaron los acarreados, las gorditas, las garnachas, las chelas, los refrescos, las matracas y la música que nadie pide, extraña o echa de menos. Y es que Alberto Silva no fue a una fiesta, sino al Congreso del estado de Veracruz, que no es su casa, sino la casa de los legisladores que de acuerdo con la ley son los representantes del pueblo.
Luego entonces, no era ni el momento ni el lugar para el lucimiento personal ni para el autoelogio, sino un ejercicio de rendición de cuentas. Así de sencillo, así de simple.