
José Luis Enríquez Ambell/Café de mañana
Algo más cabrón que una turbulencia
Cada vez que hay crisis en este país que vive en crisis permanente, el gobierno federal anuncia cambios “radicales” que generalmente son choros apantallantes y amenazadores pronunciados por el Presidente en turno que sus jilgueros aplauden con vehemencia. Y hasta ahí llega el asunto.
Pero esta vez lo que diga Enrique Peña Nieto forzosamente tiene que ser diferente porque forzosamente debe haber cambios radicales y profundos.
Desde octubre de 1968 México no se había entrampado en una situación tan grave como la que ocurre ahora con desaparición de 43 normalistas.
Ayotzinapa vino a ser la gota que derramó el vaso de la paciencia de los mexicanos hartos de la corrupción y pésimos gobiernos, de servidores públicos ladrones, transas y mordelones; de legisladores huevones y mantenidos; de despotismo y nepotismo, de cacicazgos, robos, asesinatos, inseguridad, secuestros, desapariciones forzadas y empoderamiento del narco en varias zonas del territorio nacional.
Para calmar las aguas que amenazan con desbordarse el Presidente dará hoy un mensaje a la nación fuera de lo común. Al menos eso nos han hecho creer.
Si es así su mensaje debe sacudir la conciencia de los servidores públicos, de los diputados, senadores, gobernadores, alcaldes y hasta de los agentes municipales. Sus palabras deben ir concatenadas a acciones que nos devuelvan la esperanza y la confianza. Y si tantito me apuran, debe devolvernos hasta la fe que hemos perdido en quienes nos gobiernan.
La palabra seguridad debe ser la clave y parte medular en lo que nos diga porque somos un pueblo donde la inseguridad permea como nube negra sobre casi todos los mexicanos.
Las reformas estructurales pueden esperar, lo que este país necesita con urgencia es seguridad y confianza en sus instituciones. Mientras haya políticos coludidos con el narco, líderes rateros, servidores transas y corruptos. Mientras la impunidad se siga enseñoreando en todas las esferas del gobierno, lo que diga hoy el Presidente valdrá gorro y será un discurso más para el archivo.
En Pachuca dio un adelanto y dijo que para evitar que se repitan eventos como el de Iguala se tomarán acciones de fondo que “convocarán a un esfuerzo colectivo entre el Congreso y la sociedad”.
¿Usted no le va a entrar a ese esfuerzo colectivo, señor Presidente?
Se dice que una de sus propuestas será respaldar el Sistema Nacional Anticorrupción cuya cabeza será el PAN y que habrá énfasis en tres entidades: Guerrero, Oaxaca y Chiapas.
México tiene 31 estados y un Distrito Federal así que la pregunta es: ¿Y los demás estados qué? ¿Por qué el Sistema Nacional Anticorrupción lo va a encabezar el PAN y no la sociedad civil? ¿Por qué no lo encabeza usted, por ejemplo? ¿Acaso no es honesto?
Ciro Gómez Leyva escribió a propósito del mensaje de hoy: “Más le vale acertar al Presidente, porque si falla, si desilusiona con viejas recetas y medicinas caducas, difícilmente tendrá una segunda oportunidad de aquí a 2018. Eso significaría cuatro años de turbulencia. Cuatro años de crisis. Horribles”.
Yo no soy tan optimista y pienso que si el mensaje del Presidente se circunscribe a dar a conocer la creación de un par de secretarías anticorrupción que engrosarán la burocracia y servirán para maldita la cosa, el resto de su sexenio será algo mucho más cabrón que una simple turbulencia, por horrible que ésta sea.