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XALAPA, Ver., 13 de octubre de 2015.- “No creo que a mí me ocurra, soy una mujer sana y mi familia también”, así decía María Enedina Cantellano Bonilla siempre que escuchaba hablar del cáncer de seno. Aunque sabía que como toda mujer era vulnerable, nunca quiso poner atención a los síntomas de alarma, los cuales en un principio son imperceptibles.
Un día, por coincidencia, “porque no tuve de otra, acompañé a mi comadre a una jornada médica de la Secretaría de Salud. Ella fue a hacerse el papanicolaou, había muchas mujeres en la fila y mientras yo esperaba leí información respecto al cáncer de seno, cuando leía sentí mucho miedo”.
En los folletos que María Enedina tuvo en sus manos el mensaje era claro: ¡Si lo detectas oportunamente, puedes salvar tu vida! Así, recuerda que no muy convencida pidió la ficha para practicarse una mastografía; había más de 80 mujeres antes de ella pero esperó hasta el final.
Tras salir del Centro de Especialidades Médicas (CEM) “Dr. Rafael Lucio”, donde se realizó la Caravana de la Salud de forma gratuita, se sintió satisfecha por haber dedicado tiempo a su salud, pues pocas veces lo hacía.
“Ya había cumplido conmigo misma, llegué a casa como de costumbre, atendí a mis hijos, hicimos la tarea, me sentía bien, no me dolía nada y estaba contenta porque al fin me hice una mastografía y esos estudios que con particulares son carísimos, quizá por eso nunca me los hice antes”.
Mencionó que en las semanas siguientes realizó sus actividades de costumbre, se olvidó por completo de la colposcopia, ultrasonido y mastografía que hacía dos meses le habían hecho.
“Y sin que lo esperara, un viernes al mediodía, iba en el camión para buscar a los niños a la escuela, sonó mi teléfono y no respondí porque ese número jamás lo había visto, pero tanto insistieron que contesté, la noticia me dejó aturdida, incluso se me pasó la parada en que tenía que bajarme. Tenía cáncer y sólo pensé en que me iba a morir. Son segundos en los que la mente se pone en blanco y no reaccionas, sentía la frialdad en el cuerpo, el cual me obligaba a desmayarme, pero no lo permití”.
En días cumplía 44 años; casi un mes transcurrió para tomar de la decisión de iniciar un tratamiento oncológico; la depresión le hizo compañía. En semanas perdió el peso que nunca logró con las dietas que les recomendaba la comadre Carmela, y aun con el respaldo de su familia y amor de sus hijos la vida dejó de importarle.
“Creo que ése es uno de los momentos más difíciles, saber que estás enferma y que a pesar de luchar puedes no ganar la batalla; pero luego de casi un mes fui al Cecan, un médico me esperaba para explicarme en qué consistía la enfermedad y lo que teníamos que hacer; hoy estoy convencida de que lo que me salvó fue detectar la enfermedad a tiempo, mi cáncer apenas comenzaba a desarrollarse”.
Explicó que en su seno crecía una protuberancia, “sólo una vez la vi, pensé que era un barrito que con los días se quitaría. Las mujeres decimos que nos hacemos nuestra exploración de mama y no es cierto, por pena o desconocimiento dejamos que las enfermedades vayan creciendo hasta un punto donde ya no se puede atender”.
Han pasado tres años; en este tiempo convivió de cerca con la muerte, hizo buenas amistades, “las cuales de un día para otro dejaba de ver, se iban sin despedirse, otras más comenzaban a despedirse meses antes”.
Comentó que su “familia siempre estuvo al pendiente; claro que mi vida cambió radicalmente, pero fue para bien. Los médicos me atendieron con paciencia, las enfermeras no tanto, creo que tienen que ser duras para no contagiarse de tanta tristeza. En Cecan casi todos nos sentimos como una gran familia, compartimos el mismo dolor”.
María Enedina pudo vencer al cáncer, y acepta que muchas veces se pregunta “qué hubiera pasado si mi comadre no me hubiera pedido que la acompañara a su mandado. No dejemos pasar más tiempo, lo digo yo que tuve cáncer; como bien lo dicen los comerciales, una detección oportuna nos puede salvar la vida y todas las mujeres, sin excepción, podemos padecer esta enfermedad”.
Hoy se dice una mujer responsable en su salud, sabe que el cáncer puede regresar, pero está preparada para ese momento. “Sé que algún día moriré, pero no quiero que sea de cáncer; sigo siendo atendida, es un control de rutina y si vuelve no bajaré la guardia, vivo día a día disfrutando de la vida, prevenir morir de cáncer está en nuestras manos, hay que hacernos las exploraciones constantes y si atendernos a la brevedad ante cualquier irregularidad que observemos en nuestros senos”.