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Quirino Moreno Quiza/Repechaje
El tropiezo en Veracruz
Hay dos historias para explicar la derrota de Anilú Íngram en el puerto de Veracruz.
Y es que ese descalabro fue una verdadera sorpresa. Todo parecía pintar a favor de la diputada con licencia. El más fuerte contrincante en el Distrito XII, el PAN, presentó una candidata muy a modo, (Gabriela Ramírez, regidora séptima del Ayuntamiento), cuando todo apuntaba a que esa posición la ocupara el diputado local Julen Rementería.
Cuestionado sobre ese tema, durante su reunión con periodistas del puerto para conmemorar el Día de la Libertad de Expresión, el Gobernador de Veracruz, Javier Duarte, atribuyó el descalabro al “enanismo político” y advirtió que “quienes le metieron el pie a Anilú, se dieron un tiro en la pierna”, como anticipando que pagarían la consecuencias de su deslealtad.
El primer nombre que surgió a partir de la explicación de Javier Duarte, fue el del entonces subsecretario de Gobierno, Marlon Ramírez Marín, político de baja estatura física (de ahí lo de “enanismo”) a quien le habría encargado el Gobernador que “operara” la campaña de Anilú para ayudarla a conseguir la victoria.
Incluso se hicieron públicas supuestas filtraciones en las que se revelaba que, una vez conocido el resultado negativo de la elección, Marlon Ramírez le presentó al mandatario estatal su renuncia, pues consideraba que esa era la consecuencia lógica de no haber cumplido con las expectativas de su jefe.
En el reparto de culpas, también fueron señalados destacados funcionarios de la administración municipal del puerto de Veracruz, como Aldo Pérez, Director de Gobernación y Daniel Galindo, secretario del Ayuntamiento.
Esta historia estaría atribuyendo a un acto de traición dentro del priismo local, la derrota de Anilú Íngram.
Otra versión, sin embargo, menciona que en realidad la orden para hacer tropezar a la joven candidata de la alianza PRI-PVEM salió de una residencia de la colonia Dos de Abril de Xalapa. Cuentan que quien se encuentra actualmente en posesión de dicho inmueble tomó la decisión desde antes de que iniciaran las campañas y que, incluso, cerró los puentes de comunicación con la abanderada.
Según esta historia hubo una severa discrepancia entre este personaje y la candidata, al parecer por reclamos de lealtades, lo que tuvo como consecuencia que se ordenara a los operadores electorales en el puerto de Veracruz que la hicieran caer.
Los que narran esta trama, señalan que las críticas a los “enanos políticos” y las amenazas contra quienes hayan operado en contra de la candidata, no son más que bombas de humo para atribuir la culpa del descalabro a otras personas o grupos.
En medio de esas truculentas leyendas plagadas de traiciones, engaños y confabulaciones, la tarde del miércoles se concretó la salida de Marlon Ramírez de la Subsecretaría de Gobierno, para dejarle su lugar a Genaro Mejía de la Merced, lo que en principio parecía abonar a la primera versión. Sin embargo, horas más tarde se le tomaba protesta al propio Marlon como Secretario de Organización del Comité Estatal del PRI, al mismo tiempo que se colocaba a Raúl Zarrabal al frente del Consejo Político Estatal de ese partido.
Estos movimientos se acomodan más a la segunda historia, pues implicaría que el movimiento fue para “taparle el ojo al macho” y simular un castigo que en realidad termina siendo un premio.
Cuesta trabajo suponer que el jefe político de la entidad se haya atrevido a ceder de forma voluntaria algún Distrito cuando se estaba jugando su propio futuro con el resultado de estas elecciones.
No debemos olvidar, sin embargo, que es pupilo de Fidel Herrera, quien sin el menor rubor solía operar no sólo los triunfos, sino también las derrotas de su partido. Baste recordar los descalabros de Jorge Uscanga en Los Tuxtlas y de Iván Hillman en Coatzacoalcos, así como el intento fallido de hacer tropezar a Amadeo Flores Espinosa en Huatusco.
Bien dicen que lo malo es lo que más rápido se aprende.